La ciudad de Medellín, ubicada en el departamento de Antioquía, fue una de las más afectadas por el narcotráfico en Colombia. En su territorio se constituyó el cártel de Medellín, principal grupo criminal de la época conocido por sus ataques a figuras políticas y periodísticas, así como por sus sanguinarios atentados con bombas, además de otras actividades ilícitas que marcaron la historia de Colombia con sangre.

Medellín además es reconocido por sus equipos de fútbol. Atlético Nacional e Independiente Medellín son dos de las escuadras más populares, siendo el primero el equipo más ganador del país. Dada su relevancia para el balompié colombiano, los dos se vieron envueltos también en las redes del narcotráfico, teniendo el respaldo de Pablo Escobar, el capo más temido de la narcoguerra en Colombia.

Como en el caso de los equipos de Bogotá, uno se vio más inmiscuido en cuestiones ilícitas que su contraparte. En Medellín fue el Independiente el menos envuelto, aunque de cualquier forma recibió apoyos de narcotraficantes. Desde 1978 y durante 30 años el equipo estuvo en propiedad de seis mafiosos distintos, que aprovecharon la cortina para lavar millones de pesos colombianos. Dentro de las acusaciones al equipo se encontraban el lavado de dinero, evasión de impuestos, fraude contable, uso indebido de nombres, entre otros.

No obstante, el principal protagonista del narcofútbol en Medellín fue el Atlético Nacional. Junto al América de Cali y a Millonarios de Bogotá, el conjunto ‘paisa’ destacó en la década de los 80, gracias a una plantilla de renombre, respaldada por el poderío económico de Pablo Escobar, que curiosamente era hincha ferviente del Independiente de Medellín. Si bien “El Patrón” no se involucró abiertamente con el equipo, como lo hicieron los Rodríguez Orejuela en Cali o Gonzalo Rodríguez Gacha en Millonarios, su apoyo financiero resultó clave para que el ‘Rey de Copas’ peleara por títulos y consiguiera la primera Copa Libertadores en la historia del fútbol colombiano.

Aunque nunca se pudieron probar de forma concreta, las acusaciones de amaño de partidos fueron una constante en el andar de los ‘verdolagas’ durante los 80’s, producto del secreto a voces del respaldo de Escobar

Pablo Emilio Escobar Gaviria nació en 1949 en Ríonegro, Antioquía. En su juventud dejó ver su capacidad para los negocios ilícitos y pronto se adentró en el mundo del narcotráfico, donde alcanzó la cumbre como líder del Cartel de Medellín. ‘Don Pablo’ era además un apasionado del fútbol. A principios de 1980 destacó por su labor con programas sociales en los barrios humildes de Medellín, entre los que se encontraba la construcción de canchas de fútbol para que los jóvenes hicieran deporte; de campos como éstos saldrían figuras del fútbol colombiano como Leonel Álvarez o René Higuita.

Con el paso de los años la fortuna y el poder de Escobar aumentaron, así como su participación en el fútbol. El capo respaldó a los dos equipos de la capital antioqueña, aunque fue Nacional el que llevó la mejor parte. Durante la década trágica la liga colombiana fue dominada por Cali y Millonarios, pero fueron los ‘verdolagas’ quienes obtuvieron el trofeo más deseado al derrotar al Olimpia de Paraguay en la final de la Libertadores de 1989. Curiosamente, el duelo decisivo tuvo que llevarse a cabo en Bogotá debido al temor de los árbitros a pitar en la tierra del Cártel de Medellín.

Las sospechas de corrupción acerca de la obtención del título no tardaron en aparecer, pero nunca pudieron ser confirmadas. Para la edición de 1990, el cuadro paisa alcanzó las semifinales del torneo continental, donde cayó frente al Olimpia; a pesar de que el equipo mostraba un fútbol atractivo, de nueva cuenta fue puesto en el ojo del huracán tras las acusaciones del árbitro uruguayo Daniel Cardellino. El colegiado pitó el duelo de cuartos de final entre Nacional y el Vasco da Gama brasileño. Horas antes del encuentro, Cardellino denunció que recibió una llamada en la habitación del hotel donde se hospedaba donde se le exigía encontrarse con un desconocido en una cafetería cercana. Al llegar ahí se topó con un grupo de hombres armados que le ofrecieron veinte mil dólares para que su actuación fuera “imparcial”. Los colombianos triunfaron 2-0, sin ninguna acción arbitral polémica.

Horas antes del encuentro, Cardellino denunció que recibió una llamada en la habitación del hotel donde se hospedaba donde se le exigía encontrarse con un desconocido en una cafetería cercana

A su vuelta a Uruguay, Cardellino escribió a la Confederación Suramericana de Fútbol para acusar las amenazas recibidas. El partido se tuvo que repetir en Santiago de Chile, elegido como sede neutral, con victoria de 1-0 para Nacional. Además de ello, los clubes colombianos fueron castigados hasta 1992 sin poder recibir duelos internacionales en Colombia, y los árbitros suramericanos exigieron no pitar partidos en dicho país ante el miedo que reinaba, conscientes de lo que le sucedió a su colega Álvaro Ortega en Medellín.

La influencia de Pablo Escobar en Nacional no fue tan visible como la de los otros capos colombianos, pero su pasión por el deporte sí quedó de manifiesto muchas ocasiones. La Hacienda Nápoles era el hogar del ‘Patrón’ y una de sus posesiones más preciadas: con casi 3000 hectáreas, contaba con una plaza de toros, zoológico con animales exóticos y una cancha de fútbol. En muchas ocasiones la hacienda fue escenario de partidos de fútbol donde su dueño gastaba millones de pesos para traer a sus jugadores predilectos, e incluso en ocasiones apostaba grandes cantidades de dinero contra Gonzalo Rodríguez Gacha en partidos donde ambos formaban sus oncenas.

En 1991 Escobar ingresó de manera voluntaria a prisión, con ciertas exigencias de por medio, para evitar su extradición a Estados Unidos. La cárcel, llamada La Catedral, terminó por convertirse en un hogar adaptado a las órdenes del capo, donde hacía y deshacía sin que nadie lo molestara. Aprovechando las bondades del sistema penitenciario colombiano, ‘Don Pablo’ continuó con la organización de sus partidos amistosos con estrellas del fútbol colombiano.

Entre los jugadores que visitaron La Catedral para jugar estuvieron Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, quien entabló una amistad con Escobar y fue bajado de la lista del Mundial de 1994 al ser visto llegando a la prisión, y Diego Armando Maradona

Entre los jugadores que visitaron La Catedral para jugar estuvieron Carlos ‘El Pibe’ Valderrama, René Higuita, quien entabló una amistad con Escobar, fue bajado de la lista del Mundial de 1994 al ser visto llegando a la prisión, y Diego Armando Maradona. Este último visitó al narcotraficante tras ser contactado a través de Guillermo Coppola, su agente, por medio de la intervención de Higuita. Aunque el astro argentino aseguró no saber a quién visitaba, posteriormente realizó declaraciones donde mostraba su empatía con el capo.

En los amistosos que armaba, Escobar dejaba ver también sus dotes futbolísticas. Roberto “El Oso” Escobar, su hermano, escribió en su libro “Mi hermano Pablo” al respecto: “«Los partidos eran interminables y duraban hasta que Pablo quisiera y ello ocurría cada vez que el equipo del Cartel anotaba el gol del empate o de la victoria (…) Escobar era buen jugador, le pegaba durísimo al balón. El siempre se hacía adelante y se enfundaba la camiseta número 9».

El asesinato del capo en diciembre 1993 a manos de las fuerzas militares provocó un escalamiento de la violencia por parte de los cárteles que buscaban dominar el negocio ante la caída del jefe. Multitudes se agolparon en las calles para despedirlo, principalmente de estratos sociales bajos, recordando las múltiples ayudas que recibieron por parte de un líder criminal que encontró un espacio en el fútbol para olvidarse de sus crímenes atroces.

La época de los 80’s y principios de los 90 dejó una profunda cicatriz en el pueblo colombiano. Millones de muertos y desplazados, un tejido social resquebrajado y una imagen internacional de terror fueron el resultado del conflicto armado por dominar el negocio de las drogas. El fútbol no pudo escapar de los tentáculos del narcotráfico y se vio rápidamente penetrado por su influencia. Si bien los equipos colombianos vivieron una época dorada en esta etapa, la caída de los grandes ‘benefactores’ del balompié cafetero provocó una dura crisis económica al no poder solventar los gastos que mantenían gracias al dinero de las drogas. El nivel del fútbol en el país sudamericano se encontró inmerso en una espiral hacia abajo, de la que poco a poco se han recuperado los clubes.

Hoy en día la selección Colombia cuenta con una plantilla poderosa y pelea palmo a palmo con las potencias del continente, mientras que dos de sus clubes (Atlético Nacional e Independiente Santa Fe) son los actuales campeones de la Copa Libertadores y la Copa Sudamericana. Lejos están los días del ‘narcofútbol’ y las consecuencias que trajo consigo, pero el recuerdo permanece presente para buscar que nunca más se repita esa triste historia.

Fuente imagen principal: LUIS ACOSTA (AFP/Getty Images)

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