La excelsa temporada del América de Cali en la década de los 80 demostró dos cosas: el poder que podía tener un equipo respaldado por dinero del narcotráfico y el prestigio que brindaba a los narcotraficantes dominar el fútbol colombiano frente a sus rivales. Los hermanos Rodríguez Orejuela sentaron las bases para que el narcofútbol fuera el común denominador en Colombia durante esta etapa.

En Bogotá, la capital colombiana, los dos principales equipos también se vieron envueltos en manejos turbios.

En Bogotá, la capital colombiana, los dos principales equipos también se vieron envueltos en manejos turbios. Independiente Santa Fe, considerado el equipo del pueblo, fue primero controlado por Fernando Carrillo, quien era acusado de tráfico de drogas además de ser vinculado al negocio de las esmeraldas, y posteriormente pasó a manos de Silvio y Fanor Arizabaleta, narcotraficantes del Valle del Cauca que eran íntimos amigos de los hermanos Rodríguez Orejuela. Si bien “el León” no cosechó grandes éxitos en la década de los 80 (solo se coronó campeón de Copa en 1989), hasta hace algunos años seguía arrastrando el estigma del narcotráfico. En 2010 se le relacionó fuertemente con “Don Julio”, zar del tráfico de esmeraldas y narcotraficante, que poseía acciones del club a través de prestanombres.

‘LOS EMBAJADORES’ Y ‘EL MEXICANO’

Del otro lado de Bogotá se encontraba Millonarios, club relacionado con la élite. De la misma forma que sus rivales, fue infiltrado por narcotraficantes que inyectaron fuertes cantidades de dinero al club. El primero en adentrarse fue Edmer Tamayo, asesinado en 1986, quien estaba vinculado con cargamentos de cocaína y se le relacionaba con los hermanos Rodríguez Orejuela. Tras la muerte de Tamayo apareció Gonzalo Rodríguez Gacha, apodado ‘El mexicano’ por el gusto que tenía hacia la cultura de aquel país. Convertido en el mayor accionista del club, Rodríguez Gacha, socio de Pablo Escobar, no escatimó para convertir a Millonarios en protagonista durante la época del ‘narcofútbol’.

‘El ballet azul’ se coronó bicampeón en 1987 y 1988 pero los dos títulos fueron cuestionados en diversos medios.

‘El ballet azul’ se coronó bicampeón en 1987 y 1988, sin embargo, los dos títulos fueron cuestionados en diversos medios, que no dudaron en afirmar que Rodríguez Gacha había hecho todo lo que estaba a su alcance para influir en los resultados. Incluso Jorge Luis Pinto, ex entrenador de la selección colombiana, aseguró que Luis Augusto García, también antiguo director técnico del conjunto cafetero, había participado sobornando a jugadores y árbitros para beneficiar a Millonarios. Las transferencias de jugadores y el pago de sueldo a jugadores extranjeros en el club albiazul se realizaban fuera de las normas del país, con el objetivo de poder lavar el dinero sin intervención de la justicia. Rodríguez Gacha, en su papel de patrocinador, se encargaba también de comprar a periodistas de manera que estos no se expresaran mal de su equipo.

El derroche del ‘Mexicano’ quedaba de manifiesto cuando Millonarios ganaba partidos importantes: los jugadores eran invitados a la finca que el narcotraficante ostentaba en Pacho, Cundinamarca, y ahí bebían y comían a placer cerdos que eran matados a balazos previo a ser cocinados durante el festejo. Los excesos no quedaban ahí: de acuerdo al investigador José Cipriano Ramos, Rodríguez Gacha otorgaba un millón de pesos a los jugadores que marcaran en los partidos del torneo colombiano.

Con tanto poder, el ‘Mexicano’ controlaba al equipo a placer. Su poder, si alguien dudaba de este, fue reiterado cuando, respecto a sus jugadores, declaró lo siguiente: “Lo único que yo sé es que si alguno de estos vergajos se llega a ir del equipo, no amanece. Poco me importa lo que le ofrezcan por fuera. Acá se tiene que quedar, por lo menos hasta que a mí me sirva”.

Rodríguez Gacha fue asesinado en 1989. No obstante, su familia continuó al mando del equipo hasta que el gobierno colombiano intervino para eliminar estos vínculos. Durante 24 años Millonarios permaneció sin títulos hasta que en 2012 alcanzó su 14 estrella para mantenerse como el segundo equipo más ganador de Colombia; aunque la grandeza de ‘Los Embajadores’ existía desde antes que ‘El Mexicano’ apareciera. Su presencia e influencia trajo consigo una fuerte crisis económica y de credibilidad que hoy en día continúa arrastrando el club capitalino.

EL TRÁGICO TORNEO DEL 89

Tras el bicampeonato de Millonarios dio inicio el torneo colombiano 1989, en el que 15 equipos pelearían por el título. Desafortunadamente, los tentáculos del narcotráfico habían tomado por completo al fútbol y por primera vez desde que se fundó la División Mayor del Fútbol Colombiano se tuvo que suspender el campeonato. Los primeros indicios de que lo peor estaba por venir se dieron a finales del campeonato del 88. En noviembre de ese año el árbitro Armando Pérez fue secuestrado y amenazado de muerte, para después enviar un mensaje a nombre de seis clubes: “El que pite mal, lo borramos”. La sentencia estaba dada y los medios fueron claros: solo faltaba que mataran a un árbitro. El temor de los colegiados los orilló a no pitar la tercera fecha del octagonal final; amenazas hacia ellos y sus familias, sobornos y el miedo a hablar sobre todos estos ataques se convirtieron en la costumbre para el arbitraje en Colombia. Si bien es cierto que se habían cometido errores flagrantes en algunas marcaciones, la sombra de los narcotraficantes estaba ya sobre el fútbol colombiano y pronto cumpliría su palabra.

La disputa entre los capos para ver cuál de sus equipos era el mejor se sumaba a apuestas de millones de pesos colombianos.

La mayor parte torneo del 89 transcurrió sin sobresaltos, aunque los cobros polémicos no faltaron en varios partidos. La disputa entre los capos para ver cuál de sus equipos era el mejor se sumaba a apuestas de millones de pesos colombianos, motivo por el que algunos colegiados tenían que influir en los partidos, lo que provocó a su vez que cualquier error humano por parte de los de negro se convirtiera en peligro de muerte. Tal fue el caso de Álvaro Ortega. El 26 de octubre de 1989 pitó el partido entre América de Cali e Independiente de Medellín. Los valleucanos ganaron 3-2, después de que Ortega anulara un gol al DIM por una falta previa. Su error pronto traería consecuencias fatídicas.

El 15 de noviembre de 1989 se volvieron a enfrentar ambos equipos, ahora en Medellín. Entre los árbitros se había vuelto costumbre hacer lo posible para evitar pitar en dicha ciudad, ante el miedo de cometer un error que les costara la vida. Jesús ‘Chucho’ Díaz, silbante con gafete FIFA y compañero en la terna que pitó el encuentro, argumentó ante la Dimayor su temor a que Álvaro Ortega pitara en Medellín. Fue ignorado. En la tarde previa al partido Ortega recibió una llamada que lo desconcertó, pero prefirió no comentarle nada a Díaz. Ambos participaron como asistentes en un duelo que terminó sin goles entre ambos equipos. Al salir del estadio se dirigieron a cenar. Cuando caminaban de vuelta al hotel donde se hospedaban, apareció un coche del cual se bajó un hombre con una pistola. Ordenó a ‘Chucho’ que se apartara y descargó contra Ortega, quien recibió nueve disparos. Como pudo, Díaz llevó al hospital a su amigo, pero finalmente falleció en el hospital.

Años después, John Jairo Velásquez, ‘Popeye’, uno de los sicarios más allegados a Pablo Escobar, confesó en el documental ‘Los dos Escobar’ que su patrón fue el que ordenó el asesinato de Álvaro Ortega, molesto tras el gol anulado en el partido que ganó el América de Cali. De esta forma Escobar dejó claro su poder, ahora en el aspecto deportivo, y demostró en ese momento que nada ni nadie podía desafiarlo.

A pesar de que algunos clubes se negaban, la Dimayor, presionada por Conmebol y FIFA, tomó la decisión de cancelar el torneo dos días después de la muerte de Ortega. El gobierno colombiano, a través del Ministerio de Educación, también se pronunció en contra de la continuidad del torneo. El fútbol en Colombia se quedaba sin campeón por primera vez en 51 años y alcanzaba uno de los puntos más oscuros en toda su historia por culpa del narcotráfico.

Fuente imagen principal: LUIS ACOSTA (AFP/Getty Images)

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