La persecución hacia los judíos que tuvo lugar antes y durante la Segunda Guerra Mundial fue especialmente cruel en Holanda, un país en el que apenas había existido antisemitismo y donde 140.000 judíos vivían en paz y armonía. Pero la ocupación alemana en 1940 acabó con esta tranquilidad. La administración holandesa vigente colaboró con los nazis y con ellos empezaron a implantar medidas contra los judíos holandeses desde no poder ocupar un cargo público hasta tener vetada la entrada en cines o parques. Al llegar 1944 la inmensa mayoría de judíos holandeses habían sido deportados y exterminados.

Hubo holandeses que hicieron todo lo posible para resistirse a la sinrazón y crueldad nazi. Durante la ocupación y como respuesta de orgullo al odio, nació la relación entre los judíos y el Ajax de Ámsterdam, el equipo de fútbol más laureado de Holanda. El Ajax, que no nació con ninguna intención nada más que ser estandarte del fútbol, fue el club del guetto de Ámsterdam. Pero desde entonces el equipo se ha convertido en símbolo del judaísmo y no ha sido raro ver en estos años cánticos mostrando con orgullo su relación o incluso el flamear de banderas de Israel durante los partidos. Esta relación le supone continuamente al Ajax ser víctima de ataques e insultos antisemitas en su país como cánticos de sus rivales pidiendo la cámara de gas. Tanto es así que ha habido intentos incluso desde la directiva del Ajax de desligarse del pasado judío para evitar esos enfrentamientos.

Antes de la guerra el Ajax ya era amado mayoritariamente por todos los ciudadanos de Ámsterdam, incluidos los que luego serán confinados al guetto judío. En las filas de ese Ajax de los años 30 destacaba Eddie Hamel, un extremo zurdo de religión judía que en el transcurso de la guerra acabó muriendo en Auswitchz.

El periodista Simon Kuper escribió en 2003 “Ajax, The Dutch, The War”, un magnífico libro que desgraciadamente no está editado en España, donde con la excusa del Ajax mete el dedo en la llaga y expone el colaboracionismo de muchos holandeses y la complicidad de gran parte del país con el nazismo.
Hubo hasta jugadores del Ajax adscritos al partido Nazi e incluso Kuper descubrió en su investigación las terribles cartas con que el Sparta de Rotterdam expulsaba de socios a sus seguidores judíos. Imaginad, lectores, que el club por el que vivís, dais dinero y sufrís, un día os echa por vuestra raza, vuestra religión, vuestro color de pelo. Eso pasaba. Eso puede volver a pasar.

No quedaron muchas familias judías holandesas después de la guerra. Ámsterdam había perdido parte de su identidad y de su historia con el vil asesinato de esos miles de judíos. Pero poco a poco se fue fomentando la leyenda del Ajax judío, sin raíces históricas, casi sin querer. Es cierto que en los años 20 el club tenía fuertes conexiones con los judíos más allá del barrio y de Hamel. Las fiestas de los campeonatos se celebraban en teatros propiedad de judíos, el editor de la revista del club era hebreo y los partidos eran cita obligada en el Café De Ysbreeker , el lugar de cónclave de los judíos holandeses socialistas.

Ámsterdam había perdido parte de su identidad y de su historia con el vil asesinato después de la guerra.

Sesenta años después del Holocausto, las banderas israelíes y ese tribalismo apropiado de los seguidores del club que rara vez son judíos de verdad genera opiniones encontradas tanto dentro del judaísmo como fuera.

Tradicionalmente considerada como una sociedad abierta y tolerante (la marihuana o la prostitución son legales en Holanda), lo cierto es que en los últimos años debajo del Estado del Bienestar holandés no todo es bonito. La muerte del polémico cineasta Theo Van Gogh en 2005, criticado por su islamofobia y asesinado por un musulmán afloró el racismo latente en la sociedad y la difícil integración de la emigración. Dentro de ese clima, el Ajax ha tenido dirigentes como John Jaakee que pidieron explícitamente acabar con los símbolos judíos y convertirse en un simple club “apolítico”. Algunos colectivos de judíos tampoco parecen muy encantados con esa apropiación de sus símbolos de la hinchada ajacied. Lo consideran frívolo y acusan la juventud holandesa de desconocer lo que realmente significó el Holacausto y la ocupación.

El partido de extrema derecha PPV, encabezado por el xenófobo Geert Wilders, ha encabezado encuestas de intención de voto por lo que la posibilidad de una Holanda gobernada por racistas no se antoja imposible. En el terreno deportivo, el Ajax vive también momentos difíciles. Muy castigado por la Ley Bosman y el crecimiento de ligas como la Premier o la Bundesliga, el Ajax está lejos de aquel equipo que aspiraba a ganar la Copa de Europa y este año ni siquiera pudo pasar la previa de la Champions y disputará la Europa League . Son tiempos complicados en la idílica ciudad de los canales. En lo frívolo, con una liga que ve cómo sus talentos se van cada vez más pronto. En lo importante, con el fantasma del odio racial más presente que nunca, recordando tiempos pretéritos amargos.

Quizá sea el mejor momento para que un chaval con la camiseta del Ajax lleve en la grada la bandera de un pasado, la bandera de una identidad, la unión extraña entre unos perseguidos y un símbolo futbolístico. Quizá sea el mejor recuerdo de algo que nunca debe volver a pasar.

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Getty Images)

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