Hace tiempo que el Mudo se ganó su apodo a pulso. Todavía jugaba en Argentina. Y su sobrenombre, como no podía ser de otra forma, nació fruto de su introversión. Frente a rivales, árbitros o incluso periodistas. La partida de nacimiento es la única capaz de reconocer al Franco Vázquez como originario, desde hace 27 años, de Tanti, provincia de la Córdoba argentina. Dicho de otra forma, Franco Vázquez parece de todo menos argentino. Sobre todo sobre el césped, donde el Mudo lleva a rajatabla esa regla jamás escrita de que al fútbol se habla con los pies.

Al Franco Vázquez le pegan, y mucho. Pues cuenta con los gajes de todo ‘fantasista’. Aunque pocas veces, por no decir ninguna, alimenta sus caídas con protestas. El argentino se calla, por increíble que parezca mezclar dicho sustantivo y verbo en una misma oración, y sigue jugando. Regateando y sin correr demasiado, como mejor ha sabido siempre desarrollar su trabajo. Quizás, por eso, los últimos seleccionadores de la albiceleste se olvidaron de incluir su nombre en las convocatorias. Quizás, también, por la extensa nómina de atacantes que hoy en día atesora Argentina. El Mudo aceptó entonces, en el año 2015, la petición de Antonio Conte para defender internacionalmente un azul algo más oscuro; el de la Selección Italiana.

Debutó con Italia en marzo del año pasado, para enfrentarse en un amistoso a Inglaterra. El partido acabó en empate (1-1), la Squadra Azzurra continuaba sin un plan definido de cara a la Eurocopa, y el debate, sin embargo, se centró en la convocatoria. Y trascendió hasta los oriundos que alguna vez vistieron con Italia. En ella, junto a Vázquez, estaba el brasileño Éder. Después, poco antes del torneo, llegaría Jorginho ante las innumerables bajas en mediocampo. Aunque solo el del Inter terminó viajando a Francia para disputar el europeo de selecciones, como titular y siendo pieza fundamental en el pase a octavos de final. Ya que Thiago Motta, también de nacimiento carioca, parece ya socialmente aceptado por Italia. En una hora se resume la participación de Vázquez con la camiseta azzurra; media hora frente a los ingleses y otra frente a los actuales campeones (Portugal). Ninguna finalizó con victoria.

Previo paso por Barrio Parque, equipo de la liga cordobesa, donde a sus 16 años el Mudo comenzó a destacar por todo lo suyo, en el año 2005 pasó a formar parte del Club Atlético Belgrano. Empezó desde abajo, desde sus categorías inferiores, donde tal y como contaba Sergio Mogliano -responsable de la cantera Pirata- probaban a picarlo desde su propio banquillo. Buscando una reacción. Un gesto de reproche, de carácter. Un enfado que consiguiese bautizarlo como buen futbolista argentino. Aunque el experimento jamás obtuvo el resultado esperado. El Franco Vázquez prefería entonces, y hoy todavía, guardar sus fuerzas para un último regate. Una conducción. O dar una asistencia, su tarea preferida cuando viste de corto.

Sergio Mogliano, en la Gazzetta dello Sport: “[Franco Vázquez] no hablaba nunca. Ni en el campo ni fuera del mismo. Una vez decidimos provocarlo durante un partido, las cosas estaban yendo mal y desde el banquillo le empezaron a gritar de todo. Buscábamos un gesto suyo de rechazo. Algo. Pero a él no le preocupaba nada, le era indiferente. Él entonces respondió con la pelota, se inventó la jugada y resolvió el partido. Entonces nos miró y nos dedicó una sonrisa”.

Sampaoli ya tiene a su mediapunta. El sexto refuerzo, tras Joaquín Correa, P.H. Ganso, Hiroshi Kiyotake, Matías Kranevitter y Pablo Sarabia, que llega tras las salidas de Éver Banega (Inter de Milán), José Antonio Reyes (Espanyol) y Grzegorz Krychowiak (PSG). El Franco Vázquez es de carrera perezosa, como si solo cambiase entre dos marchas: una lenta y otra neutra, pues tampoco se la puede considerar rápida, pese a que su cambio de ritmo sea una de las principales virtudes que emplea para zafarse de los contrarios. Aunque tampoco precisa de ella, pues su elegante pierna izquierda posee la misma facilidad para servir en corto, tocar de espuela o hacer volar al esférico largas parcelas del terreno. Su especialidad, dicho sea de paso, es el caño (o el túnel): ese recurso técnico donde se aprovecha el mínimo despiste del contrario para pasarle el balón entre las piernas. Porque el Franco Vázquez, como todo buen futbolista -en cuanto a calidad se refiere- se muestra lento en la carrera aunque vertiginosamente imparable de ideas en la cabeza.

Y además es zurdo. De los cerrados. Pues esa otra ley no escrita de este deporte que dice que los futbolistas más técnicos son aquellos que se manejan con la extremidad del lado izquierdo, pareció ser inventada viendo al Mudo Vázquez en plena tarea. Y como a todos, o a una amplia mayoría, su mal endémico reside en la irregularidad. El ítalo-argentino es muy bueno. Excelso en los tres cuartos de campo, aunque no siempre aparece con la constancia deseada por sus aficionados. Y que seguro, de haberla tenido, le habría brindado una carrera muy distinta a la que ha tenido. Despuntó en el año 2011, jugando en Belgrano, realizando una gran eliminatoria frente a River en el duelo de ascenso; por aquel entonces el Mudo ya contaba con 22 años, y cuatro antes (2007) había realizado su debut como titular enfrentándose a Unión Santa Fe, en la Primera B Nacional. Ese mismo verano de 2011 cerró su traspaso por el Palermo, poco después de que un desacuerdo entre su representante y el Parma le privó de llegar antes a Italia.

Aunque no desembarcara en Sicilia hasta el invierno del siguiente año, con el Apertura concluido. Por aquel entonces, Bortolo Mutti era entrenador del Palermo, y pese a disputar 14 encuentros de la segunda vuelta (no jugó en otros 8), Vázquez decidió hacer de nuevo las maletas. Esta vez con destino a España. Concretamente, cedido a Vallecas. Allí lo esperaría Paco Jémez. El futbolista cerró la campaña con 3 goles en 19 partidos disputados; números que conseguiría mejorar la siguiente temporada de vuelta en Italia (en el mismo Palermo, aunque jugando en Serie B): 6 tantos y 5 asistencias en 21 encuentros. Pues como antes decíamos, las asistencias así como los caños, son los rasgos más representativos del nuevo mediapunta del Sevilla. Aunque para exprimir su generosidad futbolística al máximo, lo mejor es situarlo por detrás de un atacante con suma movilidad y olfato ante la oportunidad. La visión de Franco Vázquez hará el resto. Y eso, fue lo que sucedió la temporada pasada con Paulo Dybala.

La 2014/15 fue la explosión definitiva del mediapunta ítalo-argentino. La dupla que formó con su compatriota, y ahora delantero de la Juventus, fue de total entendimiento. Ambos, supusieron la principal vía de escape táctica y numérica para el Palermo. Táctica en el sentido de que, sobre la pizarra, la conexión entre los dos futbolistas supuso el principal recurso para hacer desplegar al equipo. Mientras Vázquez conducía, Dybala aprovechaba el espacio. Uno la servía y el otro finalizaba. La pareja consiguió la salvación siciliana, terminando la campaña incluso en mitad de tabla, gracias a los 23 goles (de los 53 que hizo el equipo); y donde además, el Franco Vázquez se convirtió en el mejor asistente de la Serie A: con 11 pases de gol (y una decena de tantos). Números que, en una temporada convulsa para la entidad -tras los 9 cambios de entrenador-, y sin Dybala de por medio, se han visto menguados: 8 goles y 6 asistencias. Suficientes, eso sí, para para contribuir más que ningún otro futbolista de la plantilla en la salvación del Palermo.

Ahora, a sus 27 años, el Franco Vázquez llega a Sevilla. A la mejor de sus oportunidades. Que, quién sabe, si no llega como la última. Con Sampaoli. Y al Sánchez-Pizjuán. Un entrenador y un estadio de lo más cálidos. Y que gritarán, seguro, cada vez que el Mudo hable tocando la pelota.

Fuente imagen principal: JORGE GUERRERO (AFP/Getty Images)

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