Simplificándolo mucho, podríamos decir que existen dos tipos de mediapuntas. Los primeros son los mediapuntas modernos, prácticamente interiores, posición en la que juegan a menudo. Se caracterizan por darle continuidad al juego de una forma distinta, aumentando la calidad de la jugada de una forma brillante, jugando al trote, sin pegar ni una zancada y esquivando rivales como si fuesen los conos del zigzag de calentamiento de cada lunes. En esta categoría podríamos encontrar futbolistas como Isco Alarcón, Arda Turan, Oscar Emboaba o Andrés Iniesta, por citar a algunos de los más evidentes. Los segundos son los mediapuntas clásicos. Los 10. Aquellos que juegan con la camiseta por fuera de los pantalones (aunque esto ya no es una excepción) y las medias por los tobillos mostrando unas piernas finas y, a simple vista, endebles protegidas por un par de espinilleras. Los más pasionales, los más literarios. Ellos son los que con un pase rompen la línea de presión rival más fuerte de las tres o cuatro que planteen, y que tiene como objetivo dejar al delantero mano a mano con el portero. Estos no juegan al trote, sino a un escalón de ritmo más bajo, andando. Los ejemplos en este tipo de mediapuntas son inacabables, pero algunos de los más célebres pueden ser Mesut Özil, David Silva, Javier Pastore, o Paulo Henrique Ganso.

Aunque Ganso es tres años mayor que Neymar JR, uno de finales del 89 y otro de principios del 92, prácticamente subieron juntos al primer equipo del Santos (Ganso debutó en 2008, pero jugó solamente 7 partidos en todo el año. No es hasta el año siguiente cuando ya se asienta en el equipo y suma 46 partidos oficiales). Desde entonces, la sociedad Neymar – Ganso fue una de las más divertidas del mundo. Para los europeos, era la razón por la que trasnochar y llegar a clase o al trabajo al día siguiente con ojeras. Todavía eran jóvenes, faltos de conceptos tácticos y de equipo como para ser capaces de liderar por sí solos a un equipo. Pero el futuro se vislumbraba poco menos que exitoso si ellos dos permanecían juntos en el Santos. Todo fluía y en cada partido iban creciendo, se hacían mejores el uno al otro.

Eran muy diferentes. Uno era todo velocidad y desborde, el defensor sabía lo que le iba a hacer pero aun así se lo hacía y el otro pausa y toque, cuando se querían dar cuenta los centrales ya estaban corriendo detrás del delantero de turno hacia su propia portería. Neymar corría y corría, encaraba y se iba y el otro controlaba y fintaba, lo imaginaba y lo hacía.

Hasta que llegó aquel fatídico 25 de agosto de 2010. Mientras Ganso se desmarcaba hacia el área, Neymar recibía un balón aéreo en la banda derecha y se la ponía al hueco sin dejarla botar, con el interior de su pie derecho. En la carrera, justo antes de llegar al balón, Ganso sintió algo en la rodilla izquierda. Era el ligamento cruzado que había dado todo lo que pudo de sí. Aquel fue un punto de inflexión enorme para la carrera de Ganso. Se había roto, no podría jugar más en esa temporada y le esperaban seis meses de auténtico sufrimiento lejos de los terrenos de juego.

Volvió a vestirse de corto, pero ya nunca volvió a ser lo mismo. Los equipos europeos interesados en él empezaron a fijarse más en Neymar, Danilo o el portero Rafael.  En el año de su vuelta, 2011, fue titular varias veces, tanto en liga como Libertadores, pero ya no marcaba las diferencias de años anteriores. No volvió a ser titular indiscutible, aunque en la final de la famosa final de Copa Libertadores ante Peñarol, en el partido de vuelta, salió de titular y el Santos ganó la final con goles de los brasileños, ahora rivales en la Liga BBVA, Danilo y Neymar.

Llegó el 2012, pero para Ganso el calvario no había terminado. No entraba en el equipo con regularidad porque no tenía la confianza suficiente en su pierna izquierda para hacer las cosas que hacía años atrás. Entonces decidió cambiar. No de Estado, y casi tampoco de ciudad, sino de equipo. Dejó la costera ciudad de Santos para desplazarse poco más de cincuenta kilómetros al noroeste para unirse al Sao Paulo para jugar por detrás de Luis Fabiano. Y entonces sí, volvió a encontrar continuidad en su juego. A saltar al campo cada fin de semana. Sus cifras fueron aumentando temporada tras temporada al ritmo que lo hacía

Después de fichar por el Orlando City, Kaka’ pudo volver a Morumbi de julio a diciembre de 2014, hasta que empezara la MLS. Y entonces se dio una asociación Kaka’ – Ganso que enamoró a los más nostálgicos. Más si cabe contando con Luis Fabiano y Alexandre Pato como delanteros por delante de los dos mediapuntas. Jugando desde la derecha volvió a encontrar su mejor juego.

Con el sombrerito como marca personal, ha vuelto a dominar los partidos a su antojo desde la banda derecha. En cuanto recibe la pelota, el ritmo lo dicta él. Un jugador que redefine el concepto de cambio de ritmo. Nada que ver con el cambio de ritmo que conocemos, con la explosividad de Robben o Messi gracias a la que aceleran y en un segundo los tienes a cinco metros tuya. El cambio de ritmo de Ganso solo se da en sus piernas. Con la cabeza gacha espera rivales y los esquiva al verles con la intención de robarle el balón. Con un toque rápido ya te ha tirado el caño o se ha ido por el lado contrario al que el defensa estaba mirando.

Hasta ahora, Ganso se encontraba en un equipo con pocas aspiraciones de lograr un título, remontando el vuelo individualmente y con 26 años, a punto de comenzar la mejor época para un jugador, donde la madurez física y futbolística se unen durante unos cuantos meses. Hacía mucho que no oía cantos de sirena procedentes del otro lado del charco, hasta que llegó Sampaoli para volver a llamar a su puerta.

Quizá Sevilla sea el escenario ideal para que el temido salto a Europa sea solo un simple paso. Petición expresa del entrenador, compañeros que también deberán adaptarse, estilo de vida y clima cómodos y, posiblemente, la ciudad que mejor sabe valorar el buen arte. Además, si Sampaoli termina alineándole como mediocentro, como 5, no tendrá la presión que podría haber tenido jugando entre líneas y podrá ir adaptándose al temido ritmo europeo de una forma más sencilla. No son pocos los futbolistas que, sin tener una cintura de goma y las piernas más ágiles del mundo, han dominado equipos transatlánticos, partidos e incluso competiciones. Que pida consejo a Andrea Pirlo o Toni Kroos, que de dominio desde la posesión y no desde la velocidad y el regate saben un poco.

Podemos decir que es el máximo representante del fútbol brasileño, una muestra muy representativa. Con la virtud de una calidad sobresaliente y el defecto de ser la eterna promesa. Pero así Sampaoli tendrá al tipo de mediapunta que más le gusta. Como ya tuvo a Valdivia en la Chile de 2015 que arrebató a Leo su primera final de Copa América. Su 10.

Fuente imagen principal: CRISTINA QUICLER (AFP/Getty Images)

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