La guerra contra el narcotráfico representa uno de los momentos más duros en la historia de Colombia. Durante la década de los ochenta y mediados de los noventa, las disputas entre el Estado y los cárteles mantuvieron en vilo a una población que se vio en medio del fuego cruzado; miles de muertos, desaparecidos y desplazados, además de un profundo daño en el tejido social, fueron el recuento de las heridas en el país sudamericano.

Elmonstruo del narcotráfico impactó en niveles políticos, económicos y sociales. El fútbol tampoco escapó de sus tentáculos.

El monstruo del narcotráfico impactó en niveles políticos, económicos y sociales: por supuesto, el fútbol no podía escapar de sus tentáculos. En este artículo, primero de una mini trilogía, el protagonista será el América de Cali, equipo que en los ochenta alcanzó la cúspide del fútbol colombiano, respaldado por el poder del cartel de la misma ciudad.

LA INCURSIÓN DEL ‘NARCO’

A mediados de 1970 el Unión Magdalena fue el primer equipo en ser vinculado con delincuentes relacionados al tráfico de drogas y esmeraldas; de la mano de los hermanos Dávila Armenta, el conjunto samario pasó a pelear títulos, alcanzando un subcampeonato en 1979.  Si bien el caso no fue tan sonado, sentó las bases para que capos de mayor relevancia comenzaran a adentrarse en el negocio, primero de manera sigilosa y después de manera más abierta, protegidos por la impunidad y el poder del dinero que ostentaban cada que podían.

El narcotráfico en Colombia alcanzó su punto de mayor bonanza durante el transcurso de los ochenta. Con ganancias que llegaban a los 500.000 millones de dólares, era necesario encontrar nuevos terrenos para invertir; aunado a esto, el fútbol en Colombia vivía una etapa de crisis económica desde mediados de los setenta, por lo que cualquier ingreso era bienvenido. Rodrigo Lara Bonilla, ministro de Justicia, fue el primero en denunciar en 1983 la infiltración de dineros sucios en el fútbol, señalando de manera principal a Pablo Escobar; su atrevimiento le costó la vida y dejó muestra de que los capos estaban dispuestos a todo para adentrarse en el balompié.

LA ‘MECHITA’ Y LOS RODRÍGUEZ OREJUELA

El América de Cali es uno de los equipos de mayor arraigo en el fútbol colombiano.

El América de Cali, fundado en 1927, es uno de los equipos de mayor arraigo en el fútbol colombiano, así como uno de los más ganadores, con 13 títulos de Categoría A, solo por debajo de Atlético Nacional y Millonarios de Bogotá. Sin embargo, la etapa dorada del club no inició hasta 1979, cuando los apoyos ‘desconocidos’ comenzaron a llegar.

Miguel Rodríguez Orejuela, uno de los cabecillas del Cartel de Cali, buscaba la manera de formar parte de la élite caleña y pensó en el fútbol como método para ser aceptado con mayor facilidad. Su primer intento consistió en volverse socio mayoritario del Deportivo Cali, pero fracasó ante el rechazo de la junta directiva del club verdiblanco; sin embargo, Rodríguez Orejuela no quedó conforme y buscó un equipo de media tabla para abajo, encontrando en el América la ocasión perfecta.

Miguel, junto a su hermano Gilberto, se hizo con el control de los ‘Diablos rojos’ a finales de los 70. Contaban con un capital considerable, considerando la fortaleza de sus negocios con las drogas, lo que pronto se vio reflejado con fichajes de jugadores de talla mundial, arreglos de partidos y regalos extravagantes a sus jugadores.

De 1982 a 1986 no hubo otro equipo en Colombia. ‘La Mechita’ se coronó pentacampeón sin que hubiera un rival que pusiera en peligro su dominio. A nivel continental el América también destacó, alcanzando tres finales de Libertadores consecutivas, de 1985 a 1987, las cuales perdió frente a Argentinos Juniors, River Plate y Peñarol, respectivamente. Por sus filas desfilaron jugadores de renombre en la época como Ricardo Gareca, Julio Cesár Falcioni o Willington Ortiz, e incluso los Rodríguez Orejuela tentaron a Teófilo Cubillas y Diego Maradona para unirse al club, aunque finalmente no se concretaron ambos fichajes.

El poder de Miguel Rodríguez Orejuela dentro del club era absoluto. Aprovechaba la facilidad que le brindaba tener su propio equipo para lavar millones de dólares en transacciones y dádivas para los jugadores. Paseaba por las instalaciones donde entrenaba el equipo e ingresaba a los vestidores para incentivar al equipo. Germán Jiménez Leal, periodista colombiano, retrataba en un número de la revista Cambio, en 1998, como el capo bajó al vestidor previo a un partido donde Cali enfrentaría a Nacional para ofrecer a los jugadores 50 millones de pesos colombianos si ganaban el encuentro; los ‘rojos’ ganaron el clásico y la plantilla recibió el dinero sin preguntar de dónde provenía. En partidos importantes, como los clásicos o duelos de Copa Libertadores, las primas podían ir de los 500.000 a los 10 millones de pesos colombianos; incluso, el paraguayo Roberto Cabañas fue premiado con un apartamento tras marcar en la final de Libertadores frente a Peñarol.

La ‘bondad’ de Rodríguez no se quedaba ahí: los jugadores acudían a su oficina, donde se formaban filas, para solicitarle algún dinero extra, a lo que él accedía sin chistar. Aun cuando estaba cerca de ser capturado, el narcotraficante se mantuvo a cargo del equipo y buscaba la manera de reunirse con algunos jugadores para dar a conocer o entregar los premios.

Las ayudas arbitrales no faltaron durante el periodo glorioso del América de Cali. Regalos a los colegiados, amaños de partidos y manipulaciones en los sorteos finales formaron parte de las trampas que se dieron durante la estadía de los Rodríguez Orejuela al mando. Estas prácticas, convertidas en costumbre, provocaron que los jugadores de ‘la Mechita’ se volvieran prepotentes frente a sus rivales y a los árbitros, que en diversas ocasiones se daban el lujo de exigir obsequios a cambio de ayudas.

Un par de títulos más en 1990 y 1992 sellaron la etapa de Miguel Rodríguez Orejuela al mando del club. El capo fue detenido en 1995 en Cali y en 1998 fue recluido en prisión. Durante este proceso, el América de Cali fue incluido dentro de la Lista Clinton, que prohibía a la institución realizar transacciones comerciales con empresas de Estados Unidos por estar involucrado en negocios ilegales, lo que representó un duro golpe al no encontrar un sostén económico. En 2013 finalmente salió de la lista, pero ya para ese entonces llevaba dos años jugando en la Primera B, donde permanece hasta la fecha.

De 1979 a 2008 ‘la Mechita’ alcanzó 13 títulos en Colombia y el reconocimiento a nivel internacional. Si bien su grandeza no se discute en cuanto a afición, cuenta con un estigma detrás, producto de los apoyos recibidos durante su etapa de mayor prestigio. Con el respaldo de los hermanos Rodríguez Orejuela y el Cartel de Cali, el América alcanzó la gloria y se mantuvo en la cima por un largo rato; no obstante, estos aires de grandeza provocaron que nuevos capos se interesaran en involucrarse en el fútbol, dando paso a una de las etapas más oscuras, y al mismo tiempo más exitosas para el balompié colombiano.

Fuente imagen principal: LUIS ROBAYO (AFP/Getty Images)

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