Por extraño que parezca, la historia siempre nos enseña a cómo no cometer en el futuro los errores del pasado. También se aprende a cómo explotar esos errores y convertirlos en aciertos plenos. Ya se sabe: “el único deber que tenemos con la historia es reescribirla”, dijo Oscar Wilde.

Algo parecido ocurrió por Alemania a comienzos de los setenta. Es necesario contextualizar por qué un suceso tan bochornoso terminó tornándose en lo que -algunos llaman hoy en día- una de las mejores ligas del mundo. La Bundesliga alcanzaba su octava temporada y, por aquél entonces, no había un claro dominador por encima del resto. Colonia, Werder Bremen, Eintracht Braunschweig, un incipiente Bayern Múnich o un futuro coloso como el Borussia Mönchengladbach, alternaban el olimpo de la novel competición. Sin embargo, había muchas pegas al formato; no tanto por la Bundesliga, sino por el cómo se ascendía o descendía y, especialmente, lo que ello suponía. La profesionalidad aún estaba en pañales y dedicarse al fútbol era, en aquellos tiempos, algo para gente muy afortunada. Por eso, estar en la 1.Bundesliga de la República Federal de Alemania lo suponía todo. El estatus que tenían las divisiones inferiores causaba un desequilibrio enorme entre ambas categorías: no era el mismo dinero, la misma motivación y, desde luego, tampoco era la misma competición. Cinco grupos correspondientes a cinco zonas geográficas de la entonces Alemania Occidental formaban la segunda división, así los campeones de cada zona geográfica jugaban una liguilla. Los dos primeros, ascendían; mientras que el tercer clasificado de dicha liguilla jugaba contra el antepenúltimo de la 1.Bundesliga, una eliminatoria a ida y vuelta. Lo que hoy en día se conoce como “Relegation” o “promoción”. Conociendo este hecho, ascender de las segundas categorías a la élite era una tarea harto complicada para más de ochenta clubes de todo el estado. Sin embargo, el cambio -que se produciría en 1974- tuvo origen en al temporada 1970-71.

Los dos primeros, ascendían; mientras que el tercer clasificado de dicha liguilla, jugaba contra el antepenúltimo de la 1.Bundesliga, una eliminatoria a ida y vuelta. Ascender a la élite era muy complicado.

El seis de junio de 1971, Horst-Gregorio Canellas (hijo de empresario español y madre alemana) cumplía cincuenta años. Para ello, convocó una conferencia de prensa. Todo normal por aquellos tiempos, de un presidente que dirigía un club modesto, pero con un gran impacto a principios de la temporada anterior. El Kickers Offenbach había ganado la Copa nacional al Colonia por 2:1 y consiguieron el ascenso a la élite. Un 2×1 inimaginable para un ciudad limitrofe -así como gran rivalidad- con Frankfurt del Meno. Canellas sabía que su equipo tenía que luchar por no descender; mantenerse era la prioridad. Pero fue demasiado alternar la Recopa y la Bundesliga: en Europa cayó en la primera ronda ante el Brujas y en la competición doméstica pasaron tres técnicos desde su comienzo en la máxima categoría. El club vivía en una incertidumbre: su trayectoria había sido toda una montaña rusa, aunque nada comparado con lo que estaba por llegar. Fue entonces cuando allí, a los oídos de todo el que quisiera escuchar un poco lo que allí ocurría, estalló la bomba: Canellas había grabado conversaciones dónde, por una suma de dinero, un rival se habría ofrecido a “esforzarse más” para beneficiar de forma indirecta al Kickers mediante una suma de dinero. En estas grabaciones se escucharían nombres como el de Bernd Patzke o Mamfred Mangiltz, otrora internacionales con la selección nacional. Se había levantado la alfombra y toda la porquería saldría a relucir.

Este asunto no quedó indemne y, obviamente, llegaría a las oficinas de la DFB. El fiscal jefe representante de la federación, Hans Kindermann, había investigado otros partidos dónde habría sospechas de amaños. Partidos donde el Schalke y, sobre todo, el Arminia Bielefeld estuvieron involucrados. Once partido y once equipos fueron investigados, cincuenta y dos jugadores, dos entrenadores y seis directivos de tres clubes distintos fueron sancionados de por vida por la federación nacional. Hertha Berlín, Schalke 04, Arminia Bielefeld, MSV Duisburgo y Eintracht Braunschweig (estos últimos por aceptar primas de terceros, cosa que también estaba prohibida), terminaron con todos sus jugadores sancionados. El Hertha ya había estado involucrado en otro escándalo, pero los peor parados fueron el Kickers Offenbach, el Schalke y el Arminia Bielefeld. El Schalke tuvo a muchos de sus jugadores (entre ellos a una de las que posteriormente sería una de las grandes estrellas de la Bundesliga y máximo goleador histórico de la competición, Klaus Fischer) sancionados casi dos años, el Arminia Bielefeld fue condenado a bajar tras terminar la temporada 71-72, independientemente de si hubiese mantenido la categoría o no. El Offenbach, como ya había descendido deportivamente, se quedó sin participar en la élite. Estuvo casi 10 años sin subir de categoría, para volver a bajar a comienzos de los ochenta. La honestidad, no sirvio de mucho.

El impacto fue muy negativo: los aficionados estaban decepcionados y dejaron de acudir en masa las temporadas siguientes, pese a que la selección nacional vivía una época de crecientes éxitos bajo el mando de Helmut Schön. No fue hasta el mundial de 1974 que conseguiría Alemania cuando todo cambió. Los estadios volvieron a llenarse y los aficionados empezaron a confiar más en los jugadores. Por su parte, la DFB hizo la reforma más importante de todas: a partir de 1974, desaparecerían los cinco grupos de segunda división y se agruparían en dos grupos de 20 equipos: pasarían de 80 equipos que conformaban la 2º categoría, a 40. Con la entrada en la década de los 80, la segunda división solo se quedaría en un simple grupo de 20 participantes y aparte, se estableció como una liga profesional. El 3 de agosto de 1974, tuvo lugar el primer partido de la 2º división entre el Saarbrücken y el Darmstadt 98, inaugurando así una próspera etapa que vieron nacer a muchísimos futbolistas, entrenadores y campeones del mundo. El resto es historia.

No cabe duda que hay una moraleja importante en todo esto: errar es lo normal. Pero además, es el primer paso para cambiar, acertar y volver a ganar. Si eso le ocurrió a algo tan grande como la Bundesliga… ¿cómo no puede pasarte a ti?.

Fuente imagen principal: Getty Images.

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