Entre las fantásticas zonas montañosas y junto a Croacia y Serbia, conviven tres etnias distintas dando vida a Bosnia y Herzegovina, un país donde el fútbol significó uno de los pocos factores de unión. Las políticas nacionalistas surgidas a principios de los noventa acabaron con la disolución de Yugoslavia tras una Guerra Civil prolongada hasta 1995. Tras la paz de Dayton, la selección Bosnia comenzaba su trayectoria futbolística de manera oficial, el fútbol poco a poco unió a bosnios musulmanes, serbios ortodoxos y croatas católicos. Tres etnias, tres mentalidades unidas por un país, un escudo y una bandera. El fútbol lo hacía posible.

Sería en diciembre de 2009 cuando la historia del fútbol cambiaba para Bosnia y Herzegovina. Safet Susic accedía por fin a dirigir a su país. A llevar sus riendas, a vestirse con una camiseta que él nunca pudo ponerse. Cerca de la Eurocopa de 2012 donde fueron eliminados en la repesca final por Portugal, la Dirección Deportiva encabezada por el mago Susic supo sacar partido de esto, se aprendió, se mejoró y se labró el camino necesario para recoger los frutos en la siguiente gran cita. Brasil sería la primera, el país del fútbol. No crean en las casualidades, Bosnia tendría que debutar para el Mundo en el país que ha dado tanto al fútbol. Allí estaba Susic, sonaba el himno, mano al corazón. Bosnia estaba entre los grandes y Susic era su Dios. Como cuando se descolgaba en el centro del campo obviando la pizarra para hacer saltar a todo un estadio. Safet Susic lo había logrado, pero esta vez lo había conseguido con un país, Bosnia bailaba al son de Susic.

Ese futbolista talentoso que lideró al PSG para dominar Francia, capaz de ser nombrado como uno de los grandes del país galo y mejor futbolista de su historia por delante de míticos como Ronaldinho, Pauleta, Luis Fernández, Raí, Larqué o los mismísimos Weah y Ginola. Centrocampista ofensivo de corte técnico y brillante. Asistencias y goles. Llegadas, distribución, orden y definición. Un mediapunta goleador llegado desde los Balcanes. Safet Susic nunca fue internacional por Bosnia pero participó en una Eurocopa y dos Mundiales. Yugoslavia disfrutó de la magia de un jugador diferente con unas ideas diferentes, propias de otra época y capaz de sorprender a los aficionados de la misma.

Susic fue ese futbolista talentoso que lideró al PSG para dominar Francia, capaz de ser nombrado como uno de los grandes del país galo y mejor futbolista de su historia por delante de míticos como Ronaldinho, Pauleta, Luis Fernández, Raí, Larqué o los mismísimos Weah y Ginola.

Junto a Luis Fernández, quizás el escudero idóneo para el arte del de Zavidovici, Safe Susic lideró al conjunto parisino en los que serían uno de los mejores momentos de su historia, de sus pies se veían los primeros destellos de luz para el PSG y de sus botas llegaron los primeros trofeos a las vitrinas de los de la capital. El Sarajevo fue su primer y único equipo de la ya extinta Yugoslavia, desde allí viajó a la máxima categoría de Francia para convertirse en leyenda. El PSG nacía de la mano del bosnio, de sus pies. Cambió el rumbo de un barco para liderar a los campeones. Su jugada ante el Nantes en 1983 para levantar la Copa o las tardes mágicas para coronarse reyes de la liga en 1986 le hicieron eterno. Susic mandaba en aquel plantel. Su cabeza veía fútbol donde los demás hierba y sus pies bailaban mientras los de los demás corrían.

Susic levantó al pueblo balcánico y dibujó los trazos brillantes de una generación con otros nombres propios, en aquella República que formaba el mapa de la antigua nación de Yugoslavia compartían vestuario Bazdarevic, los goles de Kodro y Halilhodzic, la férrea defensa de Hadzibegic y los gemelos Vujovic. Después ejerció de líder con una hornada de jóvenes valores que pronto resonarían en Europa, Jarni, Stojkovic, Prosinecki, Savicevic o Suker ya estuvieron en Italia 90 junto al bueno de Safet.

Gerd Muller aseguró que Susic fue uno de los mejores jugadores de la historia del fútbol. Sus compañeros debían pagar por jugar con él, Pape era un tesoro, una delicia compartir temporadas a su lado, sus asistencias golpeaban al delantero sin necesidad de buscar ellos el cuero. Uno de los mejores, el mejor de Yugoslavia. Las palabras del goleador germano definen lo que fue Safet como jugador y como siente el juego y forma de llevarlo a cabo ahora desde el banquillo.

Pape vivó en una calurosa madrugada de junio el debut de Bosnia en una fase final de un Mundial, Argentina era el rival, el mismo país que despidió a Susic de su último Mundial con Yugoslavia en 1990. Diego Armando Maradona abrazaba a Safet Susic en el que era su último encuentro como internacional, 24 veranos después, Leo Messi saludaba al ex jugador yugoslavo, Diego y Leo serían subcampeones del Mundo. La historia lo quiso así. Sigan creyendo en las casualidades.

“Nuestro país es pobre y con millones de problemas. Pero ahí está el fútbol, para que la gente se agarre y tenga un motivo de optimismo, unas horas de alegría”, explica Susic.

Safet Susic era la alegría de Bosnia como en su día lo fue de Yugoslavia y del PSG. Las tardes de fútbol con el mago en el campo se transformaban en sonrisas para el pueblo bosnio. Susic nunca se sintió inferior a ningún futbolista en el terreno de juego y nunca hizo lo propio con ninguna bandera en el banquillo. Su estilo, propuesta, visión y valentía recuerdan al Pape futbolista. Al que olvidaba la táctica y sacaba la chistera. Magia bosnia y para Bosnia. Su historia lo quiso así. El máximo exponente como jugador de la corta vida de un país condujo a los suyos ante los focos mundiales desde el banquillo. El fútbol puede ser maravilloso. Sigan creyendo en las casualidades.

Fuente imagen principal: Jasper Juinen (Getty Images)

*Safet Susic durante su etapa como seleccionador de Bosnia & Herzegovina.

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