Tim Cahill tenía 14 años y una abuela enferma en Samoa. Corría el verano de 1994 y el chaval, de padre inglés y madre samoana, ya despuntaba en las ligas locales de su Sídney natal. La Federación Samoana de Fútbol estuvo muy avispada y, aprovechando que de niño vivió allí durante 3 años, le invitó a participar en el Campeonato sub 20 de Oceanía. Tim pensó que era una buena manera de visitar a su abuela y accedió. “Me preguntaron si me gustaría participar, a pesar de que sólo tenía 14 años y era un torneo sub 20. Yo lo vi como una oportunidad para ir de vacaciones y visitar a mi abuela enferma. Tenía la posibilidad de volver a verla ya que los samoanos se hacían cargo de todos mis gastos de viaje, alojamiento y manutención. Lo menos que podía hacer era jugar para ellos. Además era un sub 20 y nunca pensé que jugaría”. Pues sí, jugó, y lo hizo junto a su hermano mayor Sean, que era portero. Debutó en la derrota por 3-0 ante Nueva Zelanda, entrando desde el banquillo, desde donde también entró en otro idéntico marcador ante Vanuatu. Cahill no representó nunca más a Samoa, pero esa decisión tomada con el corazón pudo costarle muy cara.

Cahill es el primer y máximo goleador de Australia en los Mundiales. También es el primer australiano en marcar en una Copa de Asia.

Aunque sus hermanos también jugaban al fútbol, incluso el menor, Chris Cahill, llegó a ser capitán de Samoa, su familia se dedicaba principalmente al rugby. En especial sus primos y sobrinos, jugadores profesionales del que es deporte nacional junto al fútbol australiano. Nada puede competir con los Wallabies en la mayor isla del mundo y sexto país en superficie del globo. Por ello en 1997 pide a sus padres que le dejen ir a probar suerte a Inglaterra, a perseguir su sueño. Y ese sueño empezó a tomar forma en el Millwall. En sus siete temporadas en el sur de Londres, Cahill se convirtió en toda una leyenda, su gol en la semifinal de la FA Cup de 2004 ante el Sunderland es historia del club. El Millwall llegaba por primera vez en su historia a la final del torneo más antiguo del mundo (y se aseguraba, de paso, participar en la Copa de la UEFA), pero Cristiano Ronaldo y Van Nistelrooy les bajaron de la nube. Esa final fue el último partido de Cahill con The Lions, pues fue traspasado al Everton el verano de 2004 tras una dura pugna de los toffees con el Crystal Palace. Nada que un pago a sus agentes no pudiera solucionar.

Sin embargo, la lucha de Cahill comenzó dos años antes. La República de Irlanda se había clasificado para disputar la Fase Final de la Copa del Mundo de 2002 que se iba a celebrar en Corea del Sur y Japón y Mick McCarthy, seleccionador irlandés y ex técnico de Cahill en el Millwall, pensó en el todocampista australiano, de abuelos irlandeses, para redondear a su selección. Y ahí reapareció su verano samoano de 1994, pues la FIFA no permitía cambiar de selección a ningún jugador que ya hubiera disputado encuentros en las categorías inferiores con otro país. Quién sabe cómo hubiera acabado aquella tanda de penaltis contra España en octavos de final si Cahill hubiera estado en el terreno de juego.

Pero los planes del jugador iban por otro lado. Tras varios años de apelaciones, por fin en 2004 la FIFA cambió la normativa y él no dudó, jugaría para Australia. Podía elegir también entre Inglaterra, Irlanda y Samoa pero es y se siente australiano. Aún en activo, ya es un mito aussie y es considerado por todos como el mejor jugador oceánico, de la historia. Ha jugado los últimos tres Mundiales, marcando en los tres (hecho del que sólo pueden presumir Van Persie, Robben, Klose y Dempsey), siendo además el primer y máximo goleador de su selección en las fases finales de la Copa del Mundo con cinco goles (especialmente brillante el que logró ante Holanda en Brasil 2014).Los socceroos hicieron historia en 2006 al pasar por primera vez la fase de grupos pero en octavos de final, Italia, futura campeona, le mostró toda la crudeza del fútbol. Aquel 26 de junio en el Fritz Walter Satadion de Kaisersaultern, el árbitro español Medina Cantalejo había decretado tres minutos de descuento ante una Italia con diez desde el minuto 50 por expulsión de Materazzi, quién si no. El 0-0 inicial parecía inamovible y Australia acariciaba la prórroga ante un rival superior pero en inferioridad numérica, pero a falta de diez segundos Fabio Grosso se internó en al área y tras recortar a Lucas Neill, éste se fue al suelo y tocó ligerísimamente al fenomenal lateral azzurro quien exageró la caída. Medina Cantalejo señalo penalti, Totti no falló y el resto es historiaAquella selección de los Viduka, Kewell, Schwarzer, Chipperfield, Grella o Emerton dirigida por Hiddink rozó el milagro pero Italia tiene unos sueños todavía más altos. Tras la derrota en la final de la FA Cup con el Millwall, éste era el segundo varapalo para Cahill, pero no sería el último.

Cahill tuvo el honor de ser el primer australiano en conseguir un gol en la máxima competición del continente asiático.

Aquel Mundial fue el último en el que Australia representaba a la Confederación Oceánica pues, a partir de la finalización del mismo, comenzó a competir en la Confederación Asiática y tan sólo un año más tarde ya estaba disputando la Copa de Asia. Cahill, siempre Cahill, tuvo el honor de ser también el primer australiano en conseguir un gol en la máxima competición del continente asiático. La toma de contacto con Asia se quedó en la tanda de penaltis de cuartos de final ante Japón. Cuatro años más tarde, ya con más conocimiento de sus rivales, Australia se plantó en la final de la Copa de Asia de 2011 en Doha y otra vez Japón se cruzó en su camino con un gol de Tadanari Lee en el minuto 110. Australia perdía la oportunidad de ser la primera selección en ganar en dos Confederaciones diferentes y Cahill vivía en sus carnes su tercer varapalo.

Pero como no hay mal que por bien no venga, el destino tenía guardada a Cahill una despedida a su altura. En la que posiblemente fue su última gran final como internacional, Australia se coronó campeón de Asia en casa (1-2 en la prórroga sobre Corea del Sur) y jugando en la ciudad natal de Tim. Aquel chaval que se fue a Inglaterra para ser profesional coronó una carrera de ensueño. Y no se quedó ahí, hoy día sigue goleando con la elástica nacional. Sendos ejemplos son los tres goles que le marcó a Bangladés el 17 de noviembre de 2015 o el doblete cosechado ante Jordania en marzo de este año, ambos en partidos clasificatorios para el Mundial de Rusia 2018.

Defendió los colores del New York Red Bull en la Gran Manzana mientras se preparaba para una vida lejos de los focos. Como él mismo comenta “quiero trabajar con niños y ayudar a desarrollarlos, mostrarles el camino correcto, la moral y la actitud para convertirse en jugadores de fútbol. Australia tiene una gran riqueza cultural, pero me gustaría potenciar el estilo indígena por su competitividad, su agilidad y su habilidad. Siento que con el entrenamiento adecuado podemos encontrar más superestrellas que puedan ayudar a hacer de Australia una potencia aún mayor”. Y para ello lleva desde al año 2009 construyendo academias de fútbol por todo el país. Ahora, con 36 años y en busca de los 37, Tim Cahill agota sus últimas gotas de fútbol en Melbourne, más cerca de su Sidney natal.

Tim Cahill, toda una leyenda en su país, se convirtió en 2006 en el primer y, hasta le fecha, único jugador de la Confederación Asiática en entrar en la lista de los 50 candidatos al Balón de Oro. Sin embargo, toda esa grandeza se pudo ver truncada por aquel maravilloso verano adolescente de 1994. Cosas del fútbol… o del destino.

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Getty Images)

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