En 1961 se celebró en Jerusalén el juicio contra Adolf Eichmann, uno de los más importantes jerarcas nazis. La filósofa judía Hannah Arendt, ya famosa por su libro “Los Orígenes del Totalitarismo”, fue la encargada de cubrir el proceso contra Eichmann para la revista The New Yorker. La intelectual recogió sus artículos en un libro que hizo famosa la teoría de la banalización del mal. Arendt defendía la tesis de que Eichmann como muchos otros no era un demonio antisemita sino un simple funcionario cumpliendo órdenes. Eichmann era un macabro burócrata.

La falta de espíritu crítico, la complacencia y el mirar para otro lado provocaron el ascenso del nazismo, que, como en todas las capas de la sociedad alemana también influyó en el fútbol. Incluido el club alemán más grande de la historia, el Bayern de Múnich, protagonista de una historia poco conocida de resistencia frente a esa extendida banalización del mal.

El Bayern fue fundado en el barrio bohemio de Schwabing, un distrito de artistas.

El Bayern fue fundado en el barrio bohemio de Schwabing, un distrito de artistas equivalente al Barrio Latino de París. De las 17 personas que firmaron el acta fundacional del club, dos eran judíos y hasta la llegada del nazismo fueron varias las personas con incidencia en el Bayern que eran de orígenes judíos. De hecho, el club era catalogado peyorativamente como ”un equipo de judíos” y durante el nazismo se resistió como pudo a la captación por parte del régimen nazi. Una historia de entereza y valentía que, sin embargo, estuvo oculta durante años.

Uno de los personajes más ilustres de la historia del Bayern fue Kurt Landauer, un comerciante judío que presidió el club en diferentes tramos de 1913 a 1951. Hasta la llegada del partido nazi al poder varios judíos fueron también entrenadores del Bayern como fue el caso de Richard “Dombi” Kohn, que consiguió el primer campeonato alemán para el club. Galardón que no pudo repetir porque tuvo que huir del nazismo hasta recalar en el Barcelona, donde asentó las bases para el trabajo de cantera del club catalán.

Mientras, el club hizo todo lo posible para oponerse al régimen nazi. Fue célebre una sonora pelea de futbolistas del Bayern con miembros de las Juventudes Hitlerianas. También se convirtió en icono una foto que Willy Simetsreiter, futbolista de la época, se sacó con el legendario Jesse Owens, el atleta negro que consiguió cuatro desafiantes medallas de oro delante de las mismísimas narices de Adolf Hitler. Los continuos pequeños actos de rebeldía del Bayern antinazi fueron recogidos y publicados en 2011 en el libro “Der FC Bayern Juden und Seine” de Dietrich Schulze-Marmeling.

El Bayern Munich hizo todo lo posible para oponerse al régimen nazi. Fue célebre una sonora pelea de futbolistas del Bayern con miembros de las Juventudes Hitlerianas.

Pero de entre todos estos pequeños actos de heroicidad destaca sin duda la historia personal del citado Kurt Landauer. El presidente dejó el club en 1932, poco antes de la subida al poder del régimen nazi, forzado ya por una situación política de persecución hacia los judíos. En 1938 fue detenido y pasó 33 días en Dachau, campo del que fue liberado en consideración a su papel de veterano de la Primera Guerra Mundial. Aún así tuvo que exiliarse junto a su familia en Suiza. Allí, en 1943, presidió un amistoso que jugaba su club de siempre en otra descarada afrenta hacía el régimen que llevó a Alemania al desastre.

La historia antinazi del Bayern Múnich pasó desapercibida en las décadas posteriores mientras el club iba creciendo y se iba convirtiendo en el poderoso imperio futbolístico que es en la actualidad. Incluso durante años hubo hasta intentos de ocultar esa relación con el judaísmo, quizá por miedo a repercusiones negativas en una época donde ya había estallado el conflicto árabe-israelí en Oriente Medio. Ha sido en los últimos años cuando la dirección del club ha restaurado la imagen de Kurt Landauer, padre del Bayern moderno y ha expuesto con orgullo su historia nombrado al ex dirigente como presidente honorario. Una leyenda mucho más importante que la de las Copas de Europa o los grandes jugadores o ser el germen perenne de la Mannschaft. La historia de haber sido el club de los justos, el club de unos hombres que en una época de oscuridad dieron el brillo más valioso al escudo del Bayern.

Fuente imagen principal: Alexander Hassenstein (Bongarts/Getty Images)

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