De un suburbio de Copenhague, del distrito obrero de Brönshöj, y en concreto, del barrio de Tingbjerg, un barrio impulsado por los gobernantes de la ciudad durante los años cincuenta como zona residencial del distrito mencionado. Extrapolando el contexto a España, estaríamos hablando de una barriada plagada de Viviendas de Protección Oficial a las que llegaron un buen número de inmigrantes como mano de obra para empresas de productos lácteos u otras industrias que se encontraban en la zona. Un lugar que, en sus inicios fue halagado por tener las viviendas más representativas de la ciudad, se ha convertido en uno de los focos de violencia más potentes del país. Las razones podrían surgir del cierre de empresas importantes como Enigheden, sumadas al abandono que ha sufrido el barrio con el transcurso del tiempo. De ser un barrio simbólico a ser un barrio invisible. A pesar de ello, el fútbol jamás pasó desapercibido. Muestra de ello es el Brönshöj Boldklub, club del que salió Brian Klaus, llegando a debutar en Champions con el FC Copenhagen, y que hoy se encuentra en la Tercera División Danesa. Hoy, Emre Mor es razón de orgullo.

De padres turcos, Emre Mor comenzó a jugar con cuatro años en el Brönshöj BK.

De padres turcos y como idioma el danés, empezó a jugar con cuatro años en el Brönshöj BK, y allí estaría hasta los catorce años, edad con la que se haría con sus servicios el Lyngby, una de las canteras más prestigiosas del país. Por poner ejemplos, del Lyngby han salido jugadores como Jacob Bruun Larsen o Yussuf Poulsen. A los 16 años quedó libre por razones que aún desconocemos y fichó por el Nordsjaelland. Fichó por un club con la costumbre de pescar en canteras de alcurnia con éxito; véase la Liga ganada en 2012 con Okore, Bjelland o Mikkelsen, los dos últimos, también salidos del Lyngby. Era una buena señal. Tras su fichaje en 2015 se convirtió en el líder del conjunto sub-19 con tan sólo 17 años y, a los 18 años, un 28 de noviembre debutaría en la élite ante el Randers FC. Él no lo sabía, pero su debut tejía una lona de seguridad que parecía desgarrarse tras la marcha de Bruninho, un jugador sumamente importante. Él significó la permanencia, por mucho que el Hobro quedara lejos. Del once titular tan sólo superaban los 23 años un par y aquello se podía caer. Con Emre nunca. No lo hicieron.

Empezó ubicándose como extremo derecho, pero, vistas sus aptitudes en el juego interior, bastó no más de un partido para saber que su sitio estaba como referencia tras la baja de Bruninho. Eran jugadores diferentes, pero Emre Mor también lo era. Emre no actúa como referencia pura en el 4-3-3, debido a que suele situarse en situaciones intermedias en infinidad de ocasiones para hacerse con el balón desde la base de la jugada. Actuando la mayor parte del partido sobre el carril central, es ideal dejando espacios para que Molberg o Mikkelsen los exploten a la espalda de la zaga rival. El turco es un jugador ideal para el juego posicional, que siempre preferirá el desmarque de apoyo al desmarque de ruptura y que tiene razones de peso para ello. A pesar de su velocidad: a pesar de los pesares. Lo que le hace especial es la dimensión que alcanza en estático. Es un jugador diferencial en el juego posicional debido a que su infinidad de movimientos con balón siempre terminan encontrando a un hombre libre. Ya sea por sus maravillosas conducciones o por el inicio de sendas paredes tanto dejarlo sin marca como marcarlo con hasta tres hombres ha resultado inútil. Desde la derecha, el centro, o la izquierda, le es indiferente desde donde partir. A pesar de que se encuentra como teórico delantero centro, su jugada favorita es la diagonal hacia el área partiendo desde la banda derecha conduciendo con su pierna izquierda.

Es imprevisible, puede realizar desde una pared en una baldosa o buscar portería hasta realizar el famoso alley-oop para Molberg o John. Además de ser desequilibrante en conducción, también lo es en otros aspectos como en la visión de juego, que va siendo cada vez más panorámica y certera. Es un zurdo agudo tanto en el envío en largo como en el pase en profundidad. Además de gozar de un golpeo de balón a considerar que coge un ”efecto rosca” muy característico. Por sacar a la palestra un aspecto negativo, podríamos comentar su actitud en la defensa posicional, donde si se ubica como volante derecho en un teórico 4-1-4-1 podría sufrir mucho tanto por alto como en la basculación debido a su físico, algo endeble, y a sus pobres aptitudes defensivas. Por ello, cuando el Nordsjaelland defiende, él siempre es la referencia. Quitando de partidos o momentos de muchísima exigencia. Si consiguen llevar al límite las últimas virtudes y paliar los defectos venidos de fabrica, encontrarán a un jugador único. Es veloz como un diablo y preciso como la muerte. Al menos así ha sido en Dinamarca, donde podría haber sido un tirano inmortal de haber seguido un tiempo más. Su superioridad apabullaba hasta a sus compañeros, que, en ocasiones, no entendían sus movimientos hasta ver el balón sobre las redes. En Dortmund, por suerte, hablan el mismo idioma.

 

Declaraciones de Emre Mor haciendo referencia a su carácter: “Cuando estoy en el estado de ánimo adecuado, siento que soy capaz de realizar cualquier cosa. Si tengo un mal comienzo de partido, sin embargo, puedo venirme abajo y pedir ser sustituido. Cuando estoy en un mal estado de ánimo y lo uso de mala manera, puedo ser mi peor enemigo, pero es algo que voy sabiendo monejar, y que ahora utilizamos de una manera positiva.”

A pesar de ello, de su futura estancia en Dortmund surgen dudas, como es normal. Surgen dudas acerca de su carácter. Emre Mor es un tipo muy intuitivo que crece exclusivamente mediante el protagonismo. Y, a no ser que se produzca una desbandada en Dortmund o realice una Eurocopa de alcurnia, partirá como suplente y claro, teniendo este contexto en contra su crecimiento se dificulta. También surgen dudas acerca de lo que podría aportar en según qué situaciones. Que se sitúe en la base de la jugada -porque lo hará- con 18 años y en el Dortmund puede resultar un problema. Es un jugador preciso e inteligente, pero, como es normal, peca de los defectos de la juventud: regatea de más, arriesga en el pase o es amonestado. En Dinamarca ha pasado y no sería nada extraño que pasase en Dortmund. Como revulsivo podría ser una incógnita debido a que jamás ha partido como tal en Dinamarca, sumando a esto que su carácter dificulta este papel. Dicho esto, partiendo de un supuesto buen estado mental ante una defensa posicional custodiada por bastantes hombres, Emre Mor podría ser diferencial. Su regate abrirá muchas puertas en la Bundesliga. Y si sigue progresando, quizá sea una de las llaves que les lleve a la consecución de un campeonato en el futuro. Si su proyección sigue la misma senda, no lo descarten. Ha nacido para esto.

Fuente imagen principal: Atsushi Tomura (Getty Images)

(Elaboración propia)

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