Lunes, 9 de mayo de 2016. Son las diez de la mañana. La mayoría de los habitantes de Leipzig sintonizan la 91.3 para ponerse al día con la actualidad semanal de la urbe. “Leipzig der Arbeit” suena en Radio Leipzig, sintonía que conocen bien en el millonario campo de entrenamiento que ha construido Red Bull en Cottaweg, al otro lado del estadio, cruzando el lago Elsterbecken.

EL PROYECTO DE RALF (PARTE I)

El centro fue estrenado hace poco tiempo (se inauguró en agosto del año pasado) y tuvo un coste de 33 millones de €uros. Construido por los mismos arquitectos que realizaron el del Borussia Dortmund, tiene unos de 13,500 metros cuadrados; es muy funcional y se encuentra situado justo al lado de los campos de entrenamiento. Un lugar tranquilo, casi idílico, para el crecimiento de jóvenes futbolistas. Piscina, gimnasio y saunas para el uso de los profesionales, como de los que están en la academia y filiales del club. No hay nada que se deje al azar, y todo ello dirigido por Ralf Rangnick: director deportivo y entrenador durante esta temporada. La ausencia de un candidato firme, o que entrase dentro del gusto del antiguo técnico del Schalke, ha hecho que vuelva a los banquillos durante la 2015-16, una temporada que ha terminado con final feliz: el RB Leipzig es equipo de primera división. La fiesta se alargó durante toda la noche, ya que el mister les dio el día libre. Solo el hombre del pelo canoso y su staff deportivo/técnico se reunieron en las oficinas del RB Arena, al otro lado del lago.

En Alemania existe una fuerte concienciación en que la Bundesliga no se convierta en una competición de jeques.

Resoplidos de alivio y suspiros de felicidad por el éxito conseguido. Así es el estado actual de la plantilla de profesionales del RB Leipzig. Siete años y cuatro ascensos después, los toros rojos siguen acumulando mucho rechazo social en la mayoría del país. En Alemania existe una fuerte conciencia en que la Bundesliga no se convierta en una competición de jeques, o clubes arruinados por gestiones económicas inasumibles, y que puedan derivar en un rotundo fracaso. Tienen experiencias que, aún a día de hoy, siguen teniendo efectos en clubes como el Hamburgo. En esa etapa de consenso, la federación germana se ha encargado de sanear a todos los clubes sin que eso supusiera una pérdida de ingresos significativos: el 51 % de las acciones en las sociedades deportivas eran de los socios, mientras que el restante 49 % quedaba a expensas del club; los socios accionistas primero, el club después. Una razón que explica muchas cosas, como el abrumante dominio económico del Bayern sobre el resto, el paulatino enriquecimiento del Borussia Dortmund, los equipos sostenidos por multinacionales, o la diferencia de estos con el resto de clubes con políticas partidarias de “lo tradicional”. A medio camino entre el odio y el miedo de que la Bundesliga pudiera parecerse a lo que fue a principios del siglo XXI, o siguiendo otros ejemplos de clubes europeos (no ingleses) que han sucumbido al dinero fácil y rápido, para acabar en una zanja (o categoría) tan profunda, que parece casi imposible que vuelvan a ser lo que eran. Mientras Alemania se enfrenta a esta dicotomía, Red Bull se ha lanzado a por todas en un mercado competitivo de primer nivel, razón para que muchos se hayan mostrado en contra de ellos a lo largo de todas las categorías que han jugado. Desde Sankt Pauli hasta Kaiserslautern, pasando por el viejo “Frosterei” berlinés, todos han mostrado su rechazo a un modelo capitalista que detestan. En Red Bull, Ralf Rangnick se sacude las críticas, aduciendo que este proyecto hace mucho bien por el desarrollo sostenible de los futbolistas jóvenes.

En una entrevista al prestigioso magazine “11 Freunde”, Rangnick asevera que: “cuando hablo con él (Dieter Mateschitz), él se preocupa principalmente por desarrollar al jugador joven; a mí nunca me ha dado la impresión de que él quiere lograr el éxito por la vía rápida, y poder vender más latas». Un argumento innovador que choca con las impresiones que tienen los clubes tradicionales, quienes denuncian quiénes se sienten “atracados” cuando el RB Leipzig se interesa en sumar a gente joven al proyecto.

Rangnick: ”Si hay un jugador que viene a Red Bull solo por el dinero, entonces les digo a esos jugadores que no son adecuados para el proyecto”.

Criticados muchas veces por el hecho de parecer una especie de “oligopolio futbolístico” entre la factoría Red Bull austriaco, alemán y del FC Liefering, Rangnick se defiende así: ”esto no es como la antigua URSS. No les obligamos a ir a otros equipos por decreto, sino que ellos entienden que forman parte de su desarrollo; se trata de hacerle ver al jugador que ha de seguir los pasos correctos; no solo funciona para nosotros, funciona para todos. No obstante, si hay un jugador que viene a Red Bull solo por el dinero, cosa que noto por sus agentes o su mentalidad, entonces les digo a esos jugadores que no son adecuados para el proyecto”. Esa formación no es exclusiva para jugadores, sino también para futuros técnicos: ”es ventajoso para los entrenadores, ya que ellos también se pueden formar dentro del club”.

Pese a esta defensa a ultranza, el RB Leipzig es un club que ha gastado más de cincuenta millones en los últimos siete años, además de copar el top de fichajes más caros de la historia en segunda división, con 8 de 10 jugadores en dicho ránking, algo inasumible para equipos más humildes. El dinero bien invertido y traducido en resultados deportivos atrae la ilusión a unos aficionados huérfanos del fútbol de élite desde hace más de 20 años. Además, desde que Rangnick es director deportivo de la entidad (también ejerció en Austria), tiene un gusto predilecto por el fútbol ofensivo. Atrajo a Roger Schmidt a Salzburgo, un entrenador que había apuntados cosas en el Paderborn la temporada anterior a entrenar en la factoría, algo que le hizo ser contratado por el Bayer Leverkusen. Cuando Rangnick vuelve a Leipzig, le da continuidad a Alexander Zorniger, quién asciende al equipo a 2º, pero no consiguió el reto de llevarlo a primera, la primera temporada de su historia: se quedó a las puertas.

Todos los entrenadores contratados por Rangnick tienen una forma de entender el fútbol, quien aprendió mucho de Lobanovsky y Sacchi.

Todos los entrenadores contratados por Rangnick tienen un mismo sabor, una forma de ver el fútbol determinada por el propio director deportivo. En “Die Zeit” confiesa que siempre fue diferente a la hora de ver fútbol, y que aprendió muchísimo del técnico soviético Lobanovsky a la hora de situarse con la pelota en los pies y mandar en los partidos, pero también a presionar arriba y recuperar rápido el esférico, como hacía el Milan de Arrigo Sacchi. Un estilo que viste de mucha juventud, algo que le dota maleabilidad para alcanzar cotas altas. No obstante, Rangnick confiesa que, para llegar a las cotas más altas, ha de afrontarse objetivos cada “x” plazo de tiempo. Al menos eso es lo que ha reconocido en el Diario Marca, donde asegura que todavía están un peldaño por debajo de los más grandes. El objetivo es mantenerse y dar continuidad a una plantilla de gente joven y, a la vez, experimentada en la primera división; pero esto es solo el comienzo. El propio Mateschitz ha comentado en más de una ocasión que no quisiera llegar a los ochenta años y no ver al RB Leipzig campeón de Alemania, una empresa difícil de lograr para Rangnick y el nuevo técnico, Ralph Hansehüttl, pero no imposible; Leipzig y el fútbol alemán se lo merecen.

Fuente imagen principal: Ronny Hartmann (Bongarts/Getty Images)

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