La Roma vuelve a tener un capitán sobre el césped. Si bien es cierto que, técnicamente, nunca dejó de tenerlo puesto que la capitanía ha pasado en los últimos tiempos por futbolistas como Pjanic, Strootman, Keita o incluso Nainggolan, los problemas físicos que, de una forma u otra, están torpedeando los últimos resquicios futbolísticos de los ya veteranos Francesco Totti y Daniele De Rossi, han terminado por encontrar al mejor candidato sobre el que abrochar el emblemático brazalete giallorosso. Romano de nacimiento, crecido en las categorías inferiores del propio equipo capitalino y, posteriormente, rechazado por Luis Enrique en su periplo por el banquillo de la loba, es en la 2015/2016, a sus 25 años de edad, cuando se ha ganado con todo merecimiento un sitio entre los mejores italianos del momento.

Hablar del ‘24’ de la Roma es hacerlo de ese futbolista que apenas supera el metro setenta de altura, capaz de celebrar un tanto saltando entre las gradas del Estadio Olímpico para abrazar a su abuela o de marcárselo al Fútbol Club Barcelona, en Champions, desde una distancia de cuarenta metros. Alessandro Florenzi es aquel joven que nació, como quien dice, pegado a una pelota; que comenzó a combinar sus primeros pasos y sus primeras patadas en el Atletico Acilia, centro deportivo donde sus padres se encargaban de la repostería, para posteriormente marchar al Lodigiani, hasta que, a sus 11 primaveras, entró a formar parte de las categorías inferiores de la Roma; el mismo al que, como en muchas otras historias, su pequeña estatura y su fina musculatura obstruyeron sus inicios con el esférico, hasta que Bruno Conti, responsable de la cantera romana, se fijó en él.

Bruno Conti, en el ‘Corriere dello Sport’: Esto es lo que se podía esperar de Florenzi. Por nuestra parte, estamos tremendamente orgullosos de su ampliación de contrato con la Roma (2019). Alessandro es un chico crecido en nuestro propio vivero, y estoy muy contento de que haya conseguido llegar a este nivel. Estoy feliz por él, pero también porque se valora el trabajo del sector juvenil. Solo por el empeño que pone cada vez que juega con esta camiseta, pienso que Florenzi puede seguir los pasos de Francesco Totti y Daniele De Rossi, en su día ellos también salieron de nuestra cantera. Florenzi es un futbolista que siempre lo da todo y nunca da un paso atrás. Aún recuerdo cuando llegó a nuestras instalaciones, muy pequeño, pero mostraba un deseo increíble por quedarse. Entre los motivos de su consolidación futbolística hay que destacar el trabajo de sus padres, tiene una familia estupenda”.

Pese a estar gran parte de su desarrollo futbolístico ligado al cuadro giallorosso, y aunque Luis Enrique no había hecho otra cosa que aterrizar y firmar, en el verano de 2011 el asturiano decidió prescindir de sus servicios. El aun imberbe Florenzi, a sus 20 años, se vio obligado a buscar asilo en el Crotone de Serie B; el mismo que en estos momentos, segundo en la clasificación, mantiene serias aspiraciones de certificar su primer ascenso a la máxima categoría del fútbol italiano, y que por aquél entonces dirigía Leonardo Menichini, segundo de Carlo Mazzone en el Brescia de Guardiola. Florenzi cerró su cesión en el conjunto calabrés con 11 tantos en sus 36 encuentros disputados, además de ya encargarse de numerosas posiciones sobre el césped. Tras la marcha del ahora entrenador culé, el futbolista volvió a la que siempre fue su casa para esta vez recibir instrucciones del siempre atrevido Zdenek Zeman. Sin embargo, puesto que la segunda etapa del checo no se extendió más allá de unos meses, es en la 2013/2014, ya con Rudi García en el banco, cuando se prende la mecha del actual capitán romano.

Concretizar sobre el césped el rol de Alessandro Florenzi no es tarea sencilla. Y esa, es la mejor carta de presentación para un futbolista caracterizado por una versatilidad que le hace ocupar, sin mayor dificultad que la impuesta por el contrario, todo el flanco diestro del equipo; ya sea como extremo, interior o lateral. Durante los primeros meses de Rudi García, Florenzi se encargó de la punta diestra del tridente ofensivo, hasta que las rotaciones y también las lesiones le otorgaron funciones en la zona más ancha del campo. Pero el de la Roma no es un futbolista reservado, sino más bien todo lo contrario. Caracterizado por una agitada intensidad, tanto para encimar en la recuperación como para transportar en pocos segundos la acción hasta la línea de fondo, donde, en la mayoría de los casos, resuelve con un envío lateral. Porque Florenzi es aceleración, potencia, resistencia y precisión en su golpeo con el pie derecho. ‘Juegue donde juegue, siempre rinde’, es la premisa más repetida a la hora de definir al protagonista de este artículo. “Lo que necesita la selección ahora son jugadores eclécticos. Somos 20, si se te lesiona alguno es un problema… Yo busco futbolistas que puedan jugar con una medular de dos o de tres; externos que puedan jugar de mediapunta. (…) Florenzi ha crecido muchísimo, en un año ha mejorado de forma increíble. Es un futbolista ecléctico, con calidad, buen motor, es un chico humilde que trabaja mucho. No sé qué haremos en la Eurocopa, lo que sé es que vamos a Francia con un buen grupo que trabaja como equipo”, reconocía el propio Antonio Conte a El País en la previa del reciente amistoso frente a España.

La penúltima Roma de Rudi García, la de la temporada 2014/2015, inició el curso con Maicon y Torosidis por un mismo puesto: el lateral diestro. Si bien el brasileño se perfilaba como titular, el segundo mantenía a raja tabla su función de cumplidor. Y pese a que no era un lugar del todo inhóspito para él tras su paso por la categoría de plata, fue en la Champions de ese mismo año, frente al CSKA de Moscú, cuando Alessandro Florenzi se erigió al máximo nivel como una solución más que válida en la zona diestra de la defensa. Esa misma tarde, la Roma terminó desperdiciando su ventaja en el resultado que, a lo puntos, terminaría por acabar pasándole factura en el cómputo global de la fase de grupos. Sin embargo, frente al conjunto moscovita, la verticalidad de Florenzi desde la línea más alejada del ataque se convirtió en una eficaz herramienta de desborde. Actuación que, reforzada con el paso del tiempo y ante rivales de mayor altura como bien podrían ser la Juventus o el Real Madrid en la última eliminatoria de Champions, lo ha mantenido con buen aval a años luz de sus principales competidores por esa misma posición en el terreno.

Inmersos en una profunda necesidad de cambio, la estrategia del francés en el pasado mes de septiembre se centró en potenciar el juego exterior: con dos laterales profundos, como Florenzi y Digne, y dos extremos con regate y capacidad para asistir. Fórmula que, desde el inicio, intentó potenciar con un rematador puro dentro del área como Edin Dzeko. Pero la cosa no funcionó, clasificó con más fortuna que merecimiento en Champions y sin embargo Rudi García fue incapaz de levantar la moral a un conjunto que, tras la goleada recibida en el Camp Nou (6-1), volvió a levantar inseguros fantasmas de antaño. Llegó Luciano Spalletti con una hoja de ruta parecida: canalizando el fútbol a través de los costados, entregando el testigo ofensivo a Mohamed Salah y, al entonces recién incorporado, Stephan El Shaarawy, y ocupando y desocupando la posición del 9. Tras una larga cadena de hasta ocho victorias consecutivas, la Roma ya es tercera, dispuesta a repetir su presencia en Champions la próxima temporada. Dicha candidatura se sustenta a través de un renovado despliegue ofensivo, un equilibrio en la parcela del mediocampo, la estabilidad de su línea defensiva y una renovada capitanía que ya acumula 7 goles y 2 asistencias. Si ninguna lesión obliga a reducir las marchas de una meteórica carrera que, a día de hoy, mantiene la frescura del que no ha hecho más que empezar, de cara a la próxima Eurocopa no habrá lugar a dudas, Antonio Conte deberá añadir 22 futbolistas más a su convocatoria; Alessandro Florenzi ya es innegociable.

Fuente imagen principal: Maurizio Lagana (Getty Images)

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