Hace un tiempo que el fútbol dejó de ser puramente pasión para ser un negocio más del que lucrarse. El balompié no puede funcionar sin dinero y, esto, cada día se hace más obvio. Patrocinadores, grandes inversores, grandes marcas, vestimenta deportiva, campos de césped y su mantenimiento, escuelas de fútbol base, etc. El aspecto monetario ha cobrado una importancia vital para poder hacer los sueños realidad; el fútbol se ha convertido en un deporte dónde invertir, cómo, y cuándo hacerlo. Alemania no es ajena a esto, ni a su vorágine consumista desde que se decidió tomar el camino de la evolución, antes que dejarlo de morir a principios del siglo XXI.

Esa fue la excusa principal para hacer cambios profundos en el fútbol teutón. La otra era el resultado del equipo nacional germano en la Eurocopa del año 2000. Erich Ribbeck fracasó estrepitosamente en el “grupo de la muerte” y los dirigentes alemanes pensaron que había que hacer algo. El campeonato no estaba entre los más importantes de Europa, la mayoría de los grandes jugadores terminaban en el Bayern o Inglaterra y, sobre todo, el fútbol base no era de calidad: no habían sucesores viables a quién legar el proyecto futbolístico. Nubarrones negros, tormenta y lluvia se cernían sobre los equipos alemanes; estos, económicamente también pasaban por un mal momento. El saneamiento a la hora de trabajar, tanto deportiva como económicamente, era más que necesario.

Paralelamente a la decisión de tener que reformar el fútbol germano, un modesto club polideportivo llamado SSV Ulm había ascendido en junio de 1999 a la Bundesliga. Era la primera vez en su larga historia (uno de los clubes deportivos más veteranos de Alemania) que en su sección de fútbol accedían a la máxima categoría. ¿Su entrenador? Un tal Ralf Rangnick les había encarrilado medio ascenso, cuando en la primera vuelta de la temporada anterior, tenía al equipo líder. Un par de tropiezos a comienzos de la segunda vuelta hicieron que Rangnick dejara el banquillo, con un sabor agridulce: el equipo jugaba bien al fútbol. Encajaba goles, pero metía más aún; envuelto en una rueda de “fútbol total” que no parecía casar con algo competitivo. Él no estuvo con el SSV Ulm en primera división, pero había causado revuelo lo fulgurante que había sido el ascenso del modesto equipo al sureste de Stuttgart, la ciudad dónde jugó y se formó- Futbolísticamente había sido criado en el VfB, pero se fue a Inglaterra a estudiar por un periodo corto de tiempo. Allí jugó en el modesto Sussex FC Southwick antes de volver a Alemania, dónde se perdería entre varios equipos modestos de su región. Entre ellos estaba el SSV Ulm, con el que estuvo a punto de ascender a la 2.Bundesliga en 1983. Rangnick siempre fue unloco, un apasionado y concienzudo estudiante de fútbol; un ejemplo de hasta dónde estaba su obsesión futbolística fue cuando obtuvo la licencia para poder entrenar a nivel profesional, lo hizo con la más alta puntuación: 1,2 (en Alemania se califica de diferente manera, de forma que el 1 es la nota más alta, y el 5, la más baja). Algo que le acreditaba, junto a la licencia A que se había sacado con 22 años, como técnico de fútbol a todos los efectos, nada más retirarse. Pasión a raudales en su camino por el profesionalismo balompédico alemán. Su camino no fue precisamente corto; tras dejar el SSV Ulm, Rangnick fue recontratado por su equipo del alma: el VfB Stuttgart. Lo hace en unas circunstancias algo especiales; la crisis deportiva del conjunto de la Mercedes-Benz exigía soluciones drásticas e ilusionantes. Rangnick cogió al equipo en mayo de 1999, casi un año después de haber dejado el Ulm. Su debut: frente al Bayern en casa, la derrota fue clara (0:2), como también sucedería ante el Hansa Rostock y Hamburgo las semana posteriores; así como las victorias ante Friburgo (derbi) y Werder Bremen, supusieron el punto de partido de Rangnick en su “casa”. La temporada siguiente, al Stuttgart le faltó gol, curiosamente, para entrar en Europa y decidieron dotar de confianza a Ralf para un segundo año. Sin embargo, diversas lesiones y factores extradeportivos, llevaron al Stuttgart a una situación muy parecida a la actual: a luchar por no descender. Rangnick acaba su periplo en febrero de 2001; la suerte le fue esquiva a ese equipo que contaba con figuras como Balakov, Bobic, Soldo o los jovencísimos Hleb o Hinkel (campeones de la Bundesliga varios años más tarde con Armin Veh).

“Rangnick siempre fue un “loco”, un apasionado y concienzudo estudiante de fútbol; un ejemplo de hasta dónde estaba su obsesión futbolística fue cuando obtuvo la licencia para poder entrenar a nivel profesional: lo hizo con una de la más altas puntuaciones en la historia de los técnicos”.

Mientras se tomaban decisiones para renovar el fútbol alemán, Rangnick no paraba de encontrar trabajo. Pese al hecho de que el Stuttgart podría haberle quedado grande, el Hannover le contrata. En la Baja Sajonia tenían buenas referencias de él y el equipo estaba ávido de volver a la categoría de la que se habían ausentado durante muchos años; hacían 10 años que ganaron la Copa, pero también de sufrir grandes problemas financieros, lo que llevó a la institución a la Liga Regional (lo que hoy es la 3.Liga). El salto era considerable, pero en Hannover eran ambiciosos. La apuesta por la ambición dio sus frutos, el Hannover subiría esa misma temporada en la que Ralf se hizo cargo: 75 puntos, 93 goles a favor y 37 en contra, siendo el equipo más goleador y el menos goleado, al mismo tiempo; había superado al Mainz del “cuasi-novato” Klopp. El primer ascenso de facto, pero el segundo donde tuvo algo que ver. Mantuvo al equipo hannoveriano una temporada, pero en su segunda temporada, otra vez vuelve a ser relevado del cargo cuando el equipo entró en promoción, en marzo de 2004. La, hasta entonces, tumultuosa carrera de Rangnick da una vuelta de tuerca: el Schalke le contrata en septiembre de 2004; Gelsenkirchen era un polvorín: Jupp Heynckes no cuajó en su primer mes como entrenador y fue relevado del cargo. Rangnick fue llamado a filas y cumplió: con una delantera liderada por Asamoah, Sand y Aílton, el Schalke consigue luchar por el título con el Bayern hasta marzo, donde varios pinchazos acaban con la pugna por la ensaladera. Su apuesta por el fútbol ofensivo no volvió a reflejar lo que Rangnick pretendía. No obstante, Gelsenkirchen estaba contenta con él y el Mundial concedido a Alemania fue un foco de atención importante por aquél entonces; el Schalke volvía a estar en el candelero mediático gracias al fútbol ofensivo, vistoso, en un mano a mano por ser el equipo más “cool” junto al Werder Bremen de Thomas Schaaf (año anterior). Pese a que su etapa en Gelsenkirchen adivinaba éxitos para los “mineros”, su equipo no supo adaptarse a la Liga de Campeones, lo que terminó repercutiendo en Liga. Eliminado estrepitosamente por el Eintracht Frankfurt de Friedhelm Funkel, fuera de la Champions League en la fase de grupos, Rangnick es destituido el 12 de diciembre de 2005. Las aspiraciones que se habían dado del equipo (en el momento de ser cesado, el club iba 4º a 10 puntos del Bayern), le habían pasado factura. El estudioso del fútbol ofensivo cambiaría radicalmente su carrera al aceptar el puesto de entrenador, por el de Manager General de un equipo que estaba en plena expansión: el TSG 1899 Hoffenheim, un pequeño barrio de Sinsheim, club que había adquirido el magnate cofundador de la empresa informática SAP, Dietmar Hopp unos años antes.

El 1899 Hoffenheim era un club con mucha tradición de club a nivel aficionado y regional, pero Dietmar Hopp (que había sido jugador del equipo en su juventud) se cruzó en su camino a principios del siglo XX. El equipo fue escalando desde la quinta categoría del fútbol teutón de entonces (Verbandsliga) a la Regionalliga Süd (la tercera categoría antes de la introducción de la 3.Liga en 2008). Allí permaneció tres temporadas. Hopp seguía de cerca los logros de Rangnick en la Bundesliga, y cuando el Schalke volvió a estar de moda en la Bundesliga, no lo dudó: en cuanto Rangnick quedó libre de sus compromisos, iba a ir con todo su dinero y promesas de darle el poder de decisión de fichajes a Ralf Rangnick. Para su sorpresa, Rangnick aceptó construir un proyecto desde cero y no tardaron en verse los resultados: el técnico stuttgarter ascendió al Hoffenheim al finalizar el curso 2006-07. Por primera vez en su historia, el Hoffenheim ascendía a la 2.Bundesliga; una categoría en la que estuvo de paso, pues para la siguiente temporada forma un elenco de nombres,, por aquel entonces desconocidos, como Luiz Gustavo, Ibisevic, Sahilovic, Per Nilsson, Carlos Eduardo o Marvin Compper, entre otros. El club inició una escalada espectacular en la segunda vuelta que le sitúa en la parte alta de la tabla, superando al Colonia y Mainz quiénes luchaban por acompañar al Borussia Mönchengladbach por recobrar la categoría perdida. Un segundo ascenso consecutivo (otros dos más a sumar a la lista de Ralf) que le dieron (aún) más fama. De hecho, nada más llegar, el Hoffenheim fue líder durante varias jornadas hasta que cayó ante el Bayern Múnich. Una mala racha en la segunda parte de la temporada, le sacó de puestos europeos. Rangnick asentó al Hoffenheim como un equipo aspirante a clasificarse para la Europa League, pero el equipo se fue desintegrando paulatinamente y Rangnick deja el cargo en enero, tras estar en desacuerdo con Hopp en traspasar a Luiz Gustavo al Bayern; acepta la oferta del Schalke, donde consigue ganar la DFB Pokal y alcanzando las semifinales de la Champions League, mientras en la competición regular termina en la zona media-baja.

“(…)el Schalke volvía a estar en el candelero mediático gracias al fútbol ofensivo, vistoso, en un mano a mano por ser el equipo más “cool” junto al Werder Bremen de Thomas Schaaf (año anterior).”

En el Mundial de 2006, Alemania alcanzó las semifinales con Jürgen Klinsmann al mando, dejando el timón al capitán Joachim Löw desde el mismo 2006. El combinado nacional fue cambiando su estilo de juego: más dominio con balón a partir de los espacios, laterales que ganaban línea de fondo, explotar el vértigo y las contras, entre otras reformas de las que Rangnick ya había implementado durante la transición, en lo mental y futbolístico; la noche y el día entre el año 2000 y 2016.

En este primer episodio ha quedado descrita la trayectoria de Rangnick y como su influencia en el fútbol de toque, en el del vértigo, en el de los espacios practicado por la actual selección germana, han ido de la mano con los cambios introducidos por el técnico estudioso, cuyo reto en Leipzig está siendo complicado, difícil, pero mucho más cerca de lo posible que ayer y menos que mañana. Un ejemplo de como el dinero y la pasión son capaces de encontrarse en el proyecto de Ralf.

Fuente imagen principal: Boris Streubel (Bongarts/Getty Images)

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