‘’Estoy en una etapa de mi vida futbolística que me interesa mucho competir a un nivel alto, pero también el intentar conseguir un gran contrato y, sobre todo, disfrutar del fútbol porque si no disfruto del fútbol no soy feliz. No me gustaría irme a ningún sitio para ganar dinero si no soy feliz. Prefiero ganar un poco menos y disfrutar de lo que más me gusta’’, así hablaba Víctor Vázquez el pasado verano sobre su presente y futuro, en una entrevista a Mundo Deportivo. El clima que rodea al catalán es de incertidumbre, de no saber si mañana seguirá en Brujas, jugará en Cruz Azul o fichará por otro equipo. Él quiere seguir jugando al fútbol, eso lo tiene claro.

Lo cierto es que llegó a Brujas tras toda una vida en el Barcelona, pese a que apenas disputó tres partidos con el primer equipo. Aún era joven y, en 2011, decidió marcharse al fútbol belga, para firmar por tres temporadas con un equipo mítico que llevaba tiempo sin hacer honores a su gloriosa historia. Era el momento de relanzar su carrera, abandonar el ala proteccionista de un equipo tan grande como el Barcelona donde no tenía cabida y ser la estrella de uno más inferior en el panorama internacional pero muy grande en el nacional. Llegaría, se asentaría desde el primer momento y sería parte importante de un equipo que volvió a recordar, aunque no completase su obra, al Club Brugge de antaño.

Víctor Vázquez llegó al Club Brugge para relanzar su carrera tras media vida en la cantera del Barcelona.

‘’Gol. Era el que más tenía de todos. A esa edad era muy buen jugador y todos decíamos que iba a llegar a lo más alto y creo que todavía lo puede hacer. Ha tenido mala suerte con las lesiones, pero sigue teniendo gol. Formábamos un gran equipo y todos señalaban a Víctor como el mejor. No veas cómo se picaban (Víctor Vázquez y Messi) Si uno marcaba cuatro un día, el otro marcaba cinco al partido siguiente. Eso sí, eran piques deportivos. Se llevaban estupendamente’’, declaraba Cesc Fábregas en 2010, en una entrevista a El Confidencial. Leo Messi, Gerard Piqué o Cesc Fábregas, todos compañeros de quinta y equipo a lo largo del organigrama ascendente de La Masía, pero no acompañantes en el pronunciamiento final, en el ascenso al primer equipo, pues las lesiones, las camillas y las operaciones tuvieron a Víctor Vázquez apartado casi dos años de los terrenos de juego. Era el mejor, eso decían las crónicas y quienes veían día a día los partidos de aquella quinta del 87. ¿Qué hubiera sido de Víctor Vázquez si la suerte lo hubiera acompañado?

Intentar conocer el presente cambiando el pasado no tiene sentido. Y Víctor Vázquez no se paró a pensar en lo que hubiera podido ser y para ello intentó volver a serlo. Abandonó Barcelona y aterrizó en Bélgica. Las lesiones de gravedad se olvidaron y comenzó a formar parte importante de un Club Brugge en plena remodelación.

Adrie Koster era el técnico en el momento de su fichaje pero fue destituido en octubre y el alemán Christopher Daum ocupó su lugar. Con él, alcanzaron la segunda plaza final en liga y llegaron hasta los 1/16 de Europa League, donde el Hannover 96 se erigiría como verdugo belga eliminando primero al Club Brugge y luego al Standard Liége. Fue un año donde Víctor se aclimató al país, echó raíces en Brujas y recuperó sensaciones futbolísticas y seguridad en sí mismo, dejando atrás el oscuro periodo de lesiones que había sufrido en el Barcelona.

En su primera temporada en Brujas alcanzó el subcampeonato y llegó a los 1/16 de Europa League.

Decepcionante fue la temporada 2012/13 para los de Brujas, todo lo contrario para sus vecinos de Waregem, que estuvieron muy cerca de rozar un título histórico cuyo espíritu reencarnaría años más tarde el KAA Gent de Hein Vanhaezebrouck. Todo había empezado mal, pues Daum no iba a continuar y el elegido fue un George Leekens que abandonó la selección belga para hacerse cargo del equipo norteño. Muchos alabaron que dejara el cargo nacional y los hinchas del Club Brugge celebraron meses después su marcha del Jan Breydel, llegando el español Juan Carlos Garrido en noviembre. Demasiada inestabilidad para un club que ya de por si no era nada estable. Encuadrados en un grupo complicado, el Club Brugge quedaba apeado de Europa League tras haber sido eliminado en la fase previa de Champions League por el Copenhague. En liga, además, fueron superados por Zulte Waregem y Anderlecht y se contentaron, una vez más, con ver levantar el título de campeón al máximo rival mientras ellos se contentaban con saborear las mieles agridulces de clasificar para Europa League.

La 2013/14 y la 2014/15 fueron años complicados donde las lesiones hicieron acto de presencia de nuevo, aunque no con tanta dureza como antaño. Sin embargo, Víctor guarda con especial recuerdo la 2014/15: ‘’Nos faltó la liga, competición que llevamos muchos años sin conseguir, pero por lo demás fue un año genial. Ganamos la Copa, llegamos a cuartos de final de la Europa League y salí escogido mejor jugador de la temporada, o sea que estoy muy contento. Sin embargo, hubiera cambiado alguna cosa de esas por haber sido campeón de liga. Es un reto que me puse al llegar aquí y en cuatro campañas no lo hemos podido conseguir. De seguir aquí, que de momento es lo que voy hacer, tengo dos retos por cumplir: ganar la liga y ganar la Bota de Oro belga. El año pasado me quedé muy cerquita’’, comentaba en entrevista a Mundo Deportivo.

Fue segundo en el Soulier d’Or, máximo galardón que otorga la prensa belga y que está ampliamente reconocido en el ámbito nacional, solo por detrás de Dennis Praet y en un clima de división pues mucha gente hablaba del 2014 de Víctor Vázquez como algo mágico, alcanzando el español un nivel futbolístico y un estilo que llevaba tiempo sin verse en el país centroeuropeo. La justicia poética llegó, en cierto modo, y Vázquez recibiría meses más tarde el premio a su gran temporada, siendo reconocido por sus compañeros de profesión como el mejor futbolista de la 2014/15. Y es que había sido un año espectacular donde todo se unió para que el Club Brugge rozará un triplete que hubiera sido histórico. No fue así, cayeron en cuartos de final de Europa League ante un Dnipro también histórico y en liga fueron superados por un KAA Gent que se ha colocado entre los mejores equipos belgas de la historia, gracias a un 2015 de dimensiones épicas. Sin embargo, les queda el consuelo de la final de copa, donde derrotaron al Anderlecht en un final agónico. Víctor lo celebró como uno más, desde las gradas del estadio Heysel al no poder estar presente por los problemas de lesiones antes mencionados.

Ahora, una vez recuperado, vuelve a liderar al Club Brugge desde el centro del campo, siendo escoltado por Ruud Vormer, Simons o Claudemir, ejerciendo él una posición más adelantada, de ‘10’, desde donde aún puede rememorar aquella etapa goleadora en La Masía. En Brujas ha sido feliz, ha crecido como futbolista y se ha dado a conocer como una de las estrellas de la liga belga. Talentoso, técnico y con una visión de juego impropia de muchos futbolistas belgas, Víctor ha destacado por lo original de su fútbol, situados siempre en el contexto de la Jupiler Pro League. Sin pausa pero sin prisa, como reza el dicho, así se podría resumir la carrera de nuestro protagonista de hoy. Su fútbol no es vertiginoso, no está dotado de un desequilibrio voraz, de ese que tumba jugadores uno tras otro y del que pueden presumir compañeros suyos de equipo como José Izquierdo. No, es diferente y en ocasiones recuerda al más fino jugador de fútbol sala, danzando sobre una baldosa y driblando rivales sin avanzar apenas en el campo.

‘’Creo que después de la temporada pasada, que fue un gran año para mí, sería el momento ideal de cambiar y afrontar nuevos retos. Después de cuatro años me gustaría mucho probar otras ligas y ver otras culturas, ya que la vida del futbolista es bastante corta. ¡Aunque aún me queda cuerda para unos cuantos años más!’. Víctor Vázquez encara su quinta temporada en Bélgica, aunque parece que será la última y no verá su fin en tierras flamencas. ¿Cuál será el destino? Allí donde vaya, llevará su estilo y marcará nuevas diferencias.

Fuente imagen principal: Dean Mouhtaropoulos (Getty Images)

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