La generación nacida en los ochenta recuerda con gran cariño el Mundial de Estados Unidos de 1994. Probablemente, junto al de Italia, el primer campeonato del mundo que pueden recordar con claridad y una competición que fue, a ojos tanto infantiles como adultos, digna de su fama. El positivo de Maradona, el excelente estado de forma de Romario y Bebeto, los sorprendentes campeonatos de Suecia o Bulgaria, el bonito gol maradoniano de Al Owairan, jugador saudí abriendo una época nueva en el fútbol, la de la globalización, la total expansión del deporte rey como monarca absoluto en cualquier parte del mundo. Estados Unidos también nos recuerda a Roberto Baggio, coleta al viento, llevando sobre su espalda a la selección italiana hasta la final para fallar luego un penalti que le sangraría el resto de su vida. En octubre de 2008, catorce años después, Baggio tuvo que tirar también de corazón y de sangre pero para algo muchísimo más serio que el deporte de la pelota. Ante un Artemio Franchi completamente repleto, Il Divino Codino empujaba la silla de ruedas de Stefano Borgonovo, ex delantero de Fiorentina y Milan, al que el público de Florencia iba a prestar homenaje.

Borgonovo estaba aquejado de Esclerosis Lateral Amiotrófica, la ELA, una enfermedad degenerativa que acabó con la vida del exfutbolista en junio del 2013. El exdelantero, al final, sólo podía mover las pupilas pero mantuvo su lucidez hasta el último momento. La ELA es todo un ejemplo de extrema crueldad. El caso Borgonovo tuvo mucha repercusión en Italia y fuera de las fronteras transalpinas porque no fue el único futbolista que jugó en el Calcio durante los 80 diagnosticado con esta enfermedad. Se desconocen cifras oficiales pero un reportaje de La Gazzetta cifró en 39 los jugadores fallecidos desde 1973 por el también llamado Mal de Gehrig. La comunidad científica intenta encontrar la razón de esta alta incidencia en futbolistas del Calcio. Se ha especulado con el abuso de antinflamatorios o con el uso de pesticidas en los campos pero también corre la desagradable sospecha del doping generalizado.

Se desconocen cifras oficiales pero un reportaje de La Gazzetta cifró en 39 los jugadores fallecidos desde 1973 por el también llamado Mal de Gehrig…

El dopaje ha sido noticia recurrente cada cierto tiempo en el fútbol italiano. Una sombra que parece haber estado presente desde hace décadas. En 2004, Ferruccio Mazzola, hijo de Valentino y hermano de Sandro, publicó un libro en el que habló de las supuestas prácticas dopantes que se dieron en sus equipos: la Lazio, la Fiorentina y La Grande Inter de Helenio Herrera. Por esto último, el expresidente del Internazionale, Massimo Moratti, le demandó, causa que acabó ganando el exfutbolista. El lateral, que murió en 2013, acusaba al Mago de atiborrar de anfetaminas y otras sustancias ilegales a sus futbolistas y de haber causado la muerte prematura de cinco de ellos.

Ferruccio Mazzola, ex futbolista e hijo de Valentino y hermano de Sandro Mazzola, acusó a Helenio Herrera de atiborrar de anfetaminas y otras sustancias ilegales a sus futbolistas y de haber causado la muerte prematura de cinco de ellos…

Armando Picchi, capitán del equipo, falleció de un tumor a los 36 años. Marcello Giusti de cáncer de cerebro, Tagnin de huesos, Bicicli de hígado, Miniussi de cirrosis. Otro jugador, Longoni, sufrió vasculopatía y tuvo que usar silla de ruedas el resto de su vida. Según Mazzola, estos jugadores, todos suplentes, eran usados para probar todo tipo de sustancias. En la Roma, el equipo al que entrenó Herrera después de dejar el Inter, murió Giuliano Taccola de un paro cardiaco. Mazzola sostuvo que el chico había sido operado de amigdalitis, tenía fiebre y fue inyectado con las mismas sustancias que sus compañeros. La autopsia dictaminó ataque al corazón y el balón siguió rodando. Ninguna de las acusaciones del libro de Mazzola se ha demostrado en ningún procedimiento judicial.

La gran Fiorentina de los años sesenta y setenta, época dorada del club, también convive con la sombra del dopaje y la muerte. Ugo Ferrante, muerto en 2004 de cáncer de garganta., Adriano Lombardi muerto en 2007 de esclerosis, Nello Saltuli fulminado con 56 años de un infarto, jugaron en la Viola. Otros exjugadores fiorentinos han tenido graves problemas de salud como el mítico Antognoni (infarto a los 55 años) o Mimmo Caso que superó un cáncer de hígado.

El primero que abrió esta macabra veda fue Bruno Beatrice, centrocampista aguerrido de los años setenta que fallecía en 1987 de leucemia. Cuando sus excompañeros empezaron a sufrir problemas de salud similares, la viuda, Gabrielle empezó a sospechar y denunció que los jugadores eran dopados sistemáticamente y, además, sufrían terapias médicas agresivas con el objetivo de mejorar su rendimiento o adelantar el tiempo de curación de lesiones. La viuda reveló que su marido y su excompañeros recibían tratamiento de electroterapia para curar simples pubalgias o tomaban estimulantes antes de los partidos importantes. Según Gabrielle, cuyo relato roza el terror, Bruno tenía el brazo lleno de pinchazos y sufría temblores durante los dos días posteriores a cada partido. Prácticas que, al parecer, eran de sobra conocidas y generalizadas en el Calcio de los 70 y 80.

Flirtear con el límite de lo legal y lo ilegal, exponer al cuerpo al máximo usando todo lo que se pueda, experimentar sin mesura con el cuerpo de unos deportistas hasta explotarlos por encima de lo humanamente posible ha sido una constante en todo el mundo del deporte y lo siguió siendo en el Calcio durante los años 90, la época más brillante del fútbol italiano. Tan aceptado estaba este juego insano que el famoso defensa Cannavaro no tuvo ningún reparo en dejarse grabar antes de la final de la Copa de la UEFA de 1999 inyectándose una supuesta sustancia dopante entre risas y camaradería. El hoy, prestigioso técnico del Bayern de Munich, Pep Guardiola, dio positivo por nandrolona cuando jugaba en el Brescia en 2001. Otros famosos futbolistas también tuvieron tests positivos que apuntaban dopaje como Davids, Stam o Couto.

Pep Guardiola dio positivo por nandrolona cuando jugaba en el Brescia en 2001. Otros famosos futbolistas también tuvieron tests positivos que apuntaban dopaje como Davids, Stam o Couto…

Más allá de casos puntuales, el gran escándalo del dopaje de los últimos años fue el presunto uso de sustancias dopantes de manera continuada por la Juventus en los años 90. El Tribunal Supremo, en marzo de 2007, declaró la prescripción del delito de fraude deportivo contra el exadministrador delegado de la Juventus y el jefe de los servicios médicos, Antonio Giraudo y Riccardo Agricola, aunque mantuvo probado el uso ilícito por parte de los jugadores de la Juve de medicamentos. Es decir, entre los años 1994 y 1998, los futbolistas del club turinés tomaron fármacos con un objetivo no terapéutico. El uso fue de dos maneras, o bien crónico como se  demostró había pasado con Antonio Conte u ocasional para recuperar antes ciertas lesiones como fue el caso de Alessio Tacchinardi. El juicio vino a dar la razón a Zdenek Zeman, quien a principios de los años 2000 abrió la caja de los truenos y advirtió del dopaje generalizado en el Calcio y del abuso de sustancias como la EPO destinada a mejorar el rendimiento de los jugadores.

Todos estos procesos y escándalos arrastrados desde hace décadas fueron minando el prestigio del fútbol italiano que cronificaba una enfermedad que le consumía ante la pasividad de la mayoría de personas implicadas. Como las desgracias suelen venir acompañadas, la investigación por dopaje a la Juventus fue el casual inicio de otro escándalo aun mayor que acabaría dinamitando totalmente el Calcio. Si poco a poco la Serie A iba cayendo enferma, el Calciopoli originado tras unas escuchas telefónicas tras el caso del doping, dio la definitiva herida de muerte a la que fuera la mejor liga que jamás existió. Pero eso, dentro de la historia interminable del Calcio, es otra historia y debe ser contada en otra ocasión.

Fuente imagen principal: GIULIO NAPOLITANO (AFP/Getty Images)

*Zeman denunció a principios del 2000 el dopaje generalizado en el Calcio italiano.

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