En EEUU, el baloncesto, esa NBA sin parangón, franquiciados y jugadores que mueven millones de dólares; el baseball que se juega sobre un diamante; el fútbol americano y su final de la Super Bowl como el evento deportivo más visto del mundo con sus vigardos acorazados; o más al norte del país, el hockey sobre hielo en el que los jugadores además de ir acorazados llevan un bastón. Todos estos deportes, han estado y algunos siguen estando por encima del fútbol, no el americano, sino el de once contra once y siempre gana Alemania. Entonces, ¿por qué celebrar una fase final de un Mundial de Fútbol de Naciones en un país en el que el fútbol es un deporte minoritario? Pues por eso mismo, porque es minoritario. Porque es un deporte que se veía como una salida para los débiles que no daban la talla en el fútbol americano, o eran muy malos en baloncesto. Era un deporte mayormente femenino. La mayoría de becas deportivas relacionadas con el fútbol soccer eran exclusivas para deportistas femeninos. El fútbol soccer era un deporte de minorías, de clase obrera, de inmigrantes hispanos y de mujeres.

Pero la FIFA no podía permitirse el lujo de no contar con una liga profesional del deporte rey en el país más poderoso del mundo. Así, y por eso, se decide conceder a EEUU la celebración del Mundial de Fútbol en 1994, a partir de ahora lo llamaré soccer para no confundir con el fútbol del balón amelonado, ya sabéis un ”yo te doy un Mundial de Soccer y tú me creas una liga profesional” y todos contentos. Con esta receta se crea la Mayor Soccer League unos cuantos meses antes del Mundial. Una liga de soccer profesional que englobaría dos países, EEUU y Canadá y que sería la encargada de recibir en sus estadios el Mundial. Manos a la cabeza y rodillas al suelo. Pero el problema de la inexperiencia, de las prisas por crear una competición profesional de soccer no fue el único. Y es que al no existir equipos profesionales, no había estructuras futbolísticas en las que desarrollar la competición. Pero bueno, las mentes pensantes decidieron adaptar los estadios de fútbol americano para que en su césped se pudiera practicar el soccer. Un lavado de cara, un eliminado de líneas marcando yardas, y un ligero estiramiento en la anchura del verde era más que suficiente. Incluso se podría apurar para encajar un campo de soccer en uno de baseball. Nos querían montar un Mundial bonito y barato. Los jugadores decidirían si bueno.

Al no existir equipos profesionales, no había estructuras futbolísticas en las que desarrollar la competición. Sin embargo, se decidió adaptar los estadios de fútbol americano para que en su césped se pudiera practicar el soccer.

Fuera como fuese el 17 de junio de 1994 comenzaba el Mundial de soccer en el que 24 equipos se enfrentarían divididos en seis grupos de cuatro participantes de los cuales pasarían a octavos los dos primeros de cada grupo y los cuatro mejores terceros. De ahí a la final ya sabemos cómo va el cuento. No hubo sorpresas en esta primera fase de grupos. Los favoritos, Alemania, Brasil, Italia y Argentina, pasaban sin problemas y junto a las revelaciones como Bulgaria, Rumanía y Nigeria, entre otros, nos dejaban un cuadro de octavos muy prometedores. En el cruce de octavos de final tampoco hubo sorpresas, los favoritos pasaron sin muchos problemas a excepción de Argentina que cayó ante Rumanía y el México – Bulgaria que se decidió por penaltis.

Los cuartos de final dieron mucho que hablar. Por su parte un trepidante Rumanía 2 – 2 Suecia en la que, a pesar de ir como favoritos y desarrollando un juego asombroso, terminó perdiendo el equipo centroeuropeo en la tanda de penaltis, los goles del tiempo reglamentario vinieron de la mano de Radiocioiu para Rumanía y de Brolin y Andresson para Suecia. Por otro lado el Holanda – Brasil, partido que no rompió hasta la segunda parte y en la que se adelantó dos a cero para la canarinha con goles de Romario y Bebeto, que la orange igualó a posteriori con tantos de Bergkamp y Winter, pero que al final un gol de Branco le dió la victoria a Brasil. En el tercer partido Italia le rompió la cara a España en un partido muy igualado hasta el minuto 87 en el que Roberto Baggio clasificó a la azzurra. Hasta entonces el marcador era de 1 – 1 con goles de Dino Baggio para Italia y Caminero para España. Otra sorpresa, o no tanto, nos esperaba en el cuarto partido. Bulgaria se impuso a Alemania con dos goles, Stoichkov y Letchkov por uno de los germanos, Matthäus. La garra y la entrega de los búlgaros se impuso a la máquina de hacer fútbol alemana, favorita para hacerse con el título.

Llegan las semifinales con partidos que nadie habría firmado de antemano. Dos de las favoritas para ganar la copa Italia y Brasil, se enfrentarían a Bulgaria y Suecia, dos equipos revelación que, a pesar de sus carencias, habían venido demostrando un juego sólido y de garantías. Por un lado un Suecia – Brasil, partido igualado, con un muro de escudos en la frontal del área sueca para intentar parar los encajes de bolillos que Romario y Bebeto hacían con el balón. Dos líneas de cuatro y a verlas venir. Suecia parecía querer jugársela en los penaltis ya que Ravelli parecía estar inspirado. Por su lado Brasil practicó su juego bonito, con oportunidades claras que o bien Ravelli se encargaba de tapar o se fallaban por poco. Ni siquiera esa doble linea de cuatro podía defender las filtraciones que regalaban los dos pequeños delanteros brasileños. Finalmente, Suecia jugando con diez sucumbió ante Brasil con gol de Romario. En el otro partido de semifinales, Roberto Baggio solucionaba la papeleta en cinco minutos dejando el partido visto para sentencia en la primera parte, con un doblete en el ’20 y ’25 frente a un gol de penalti de Stoichkov. Partido tranquilo y bien planteado por Sacchi que contaba con mejor plantel y que no estuvo exento de polémica ya que no se pitó penalti a Costacurta por mano.

Brasil e Italia se plantaban en la final tras eliminar a Suecia y Bulgaria, respectivamente, dos de las selecciones revelación del torneo.

En el partido por el tercer y cuarto puerto una Suecia a la que le salía todo, al menos durante los primeros 45′, endosó cuatro goles, Brolin, Mild, Larsson y Andersson, a una Bulgaria a la que no le salía nada, con Stoichkov que acabó desquiciado y jurando en la de Cervantes. Si bien es cierto que en la segunda parte pudieron caer otros cuatro del lado nórdico y otros dos para los búlgaros, el marcador no se movió y para el país escandinavo el mundial de EEUU ’94 se convertiría en el mundial de Suecia.

En la final se vio un partido bonito, Brasil contra Italia, qué menos. Oportunidades por ambos bandos que parecían empeñados en no marcar. Si bien es cierto que Brasil puso más en el campo con la pareja de oro de ataque jugando en corto, en largo y creando mucho peligro, Italia tampoco se distraía e intentaba su juego seguro, afianzados atrás y con la esperanza de que la coletilla taleguera que rebotaba por encima del 10, se escabullese entre los defensas y solucionase el billete al trofeo. Pero se llegó a la prórroga con un marcador inamovible y de ahí a los penaltis. En donde pasará a la historia el penalti fallado por Roberto Baggio. No por el mero hecho de no tirar a puerta si no porque se podía leer en su cara que el penalti lo tenía fallado antes de pegarle al balón.

Éste fue el mundial de Hagi y de Stoichkov. Hagi, el Maradona de los Cárpatos que marcó el ritmo en cada partido, que deleitaba a las gradas con su exquisito passing y que le gano la mano al mismísimo Diego del que sobrevino su apodo. Y un Stoichkov desatado, su garra y su entrega se hicieron sentir en cada partido, su “hijo de puta” a cada pase y oportunidad fallada por él mismo y sobre todo su capacidad de enarbolar la bandera del coraje y liderar una Bulgaria como no se ha vuelto a ver. Fue el mundial de Tassotti y el tabique roto de Luis Enrique, del árbitro que no lo vio, de la maldición de cuartos seguía perpetuándose, del fallo de Salinas sólo contra Pagliuca y del acierto de Roberto Baggio que nos sacaba del campeonato. Fue el mundial en el que se dio una vida por un gol. Más bien se perdió. Recordemos como el colombiano Andrés Escobar recibió seis disparos el dos de julio en su coche mientras se encontraba en el aparcamiento de una discoteca en Medellín, tras su vuelta del mundial por marcarse un autogol que les dejaba fuera de octavos. También fue el mundial del ocaso de Maradona. Todos vimos y pensamos que algo raro había en el Pelusa para celebrar un gol intrascendente de aquella manera, era el tres a cero contra Grecia en el primer partido de la fase de grupos, esa boca desencajada en el grito, esos ojos desorbitados y esa rabia innecesaria hicieron sospechar lo que se mostró posteriormente. Diego dió positivo en una prueba antidopaje, por efidrina. Inmediatamente fue expulsado del mundial dejando el barco albiceleste sin su capitán. Argentina se hundiría en octavos frente a la Rumanía de Hagi.

Y fue el mundial de Roberto Baggio que, desgraciadamente, quedó estigmatizado por no acertar en la tanda de penaltis contra Brasil en la final. Un fallo que pocos perdonan, los mismos pocos que no recuerdan que seguramente gracias a él se llegó a jugar la final. Es típico el recordar el fallo en una final pero no recordar los aciertos que te llevaron a ella. Para muchos Baggio siempre será recordado por sus goles, su calidad y su coletilla. Y por supuesto fue el mundial de Brasil. Se proclamaban tetracampeones después de 24 años sin hacerlo. Y es que no era para menos, un equipo de leyenda con un centro del campo que directamente te quitaba las ganas de vestirte de corto si jugabas contra ellos y con una pareja de delanteros como no he visto otra en mi vida. Romario y Bebeto. Los delanteros centros del Dream Team y el Súper-Dépor, una pareja de pequeños jugadores que se paseaban entre los defensas como David el Nomo entre las piernas de los trolls. Calidad, juego, gol y entretenimiento a espuertas. Brasil, merecido campeón.

Pero si algo fue el mundial del ’94 fue un punto de inflexión para el soccer en EEUU. Estadios llenos partido si y partido también dejaron ver que el soccer no era algo foráneo para la sociedad estadounidense, que allí también había y se vivía el soccer, que había jugadores que sobre el césped pero con otro tipo de balón, podían hacer jugadas tan atractivas como las que nos cegaban las estrellas de la NBA. Que el soccer era un juego también para hombres de todos los tamaños y colores, de todo tipo de status social. Que era un deporte atractivo, que había emoción, épica, sufrimiento, tristeza y regocijo. Y que pudieron sentir todo eso gracias a su selección nacional que, a pesar de no contar con profesionales, hizo un papel más que aceptable en el campeonato. Las univerisdades comenzaron a abrir más su abanico de becas deportivas incluyendo el soccer masculino. La MSL comenzó a asentarse en la sociedad, fichando jugadores franquicia desde las mejores ligas del mundo, aunque fuese en sus últimos años como jugadores. Los canales de televisión comenzaron a pelear por los derechos de los equipos que jugaban en la MSL y posteriormente a comprar partidos de Premier, Bundesliga, la Liga, Calcio, Liga de Campeones,… así como de competiciones en Latinoamérica, México, Argentina, Brasil,… El soccer crece en EEUU, sin duda. Y aunque aún está lejos de la NBA o la NFL, se abre paso, imparable, demostrando por qué es el deporte rey.

Fuente imagen principal:  OMAR TORRES (AFP/Getty Images)

*Roberto Baggio, cabizbajo tras fallar el penalti que le dio el título de campeón del mundo a Brasil.

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