El sentido del deber se esconde entre las personas más exigentes consigo mismas y con el mundo. Aunque esto no siempre se cumple, puesto que los seres humanos somos algo más complicados que el simple hecho de obedecer a unas reglas y llevarlas a raja tabla en su existencia. A pesar de que esas ordenanzas son necesarias, todo en exceso suele resultar perjudicial. No obstante, tener que deber algo más allá de lo material (como las facturas, préstamos, hipotecas bancarias, etc) casa con la necesidad de sentirse en paz. Pueden pasar años, generaciones o familias, pero ese deber perdura hasta que se zanje lo que haya pendiente.

Entonces… ¿qué ocurre cuando una ciudad de doscientos mil habitantes tiene una eterna deuda que difícilmente se puede saldar? ¿Qué tal si esa deuda es la de un país, que ha vivido más dividido que separado, con un héroe perenne en la memoria de todos? Una pregunta que, hasta ahora, no ha tenido respuesta. Es posible que, a través del fútbol, Bielefeld pudiese cerrar su déficit; en este caso se trata de una digna contesta a alguien como Herrmann, o como se conocía en la era imperial romana, Arminio: un héroe que dio su vida, en pos de lograr unificar a todas las tribus de la entonces provincia romana de Germania.

Habría que remontarse a la era de Jesucristo. En aquél entonces, Roma era lo que se conocía como “el centro del Mundo moderno”; nada pasaba en Europa occidental, sin que el emperador de turno supiese qué ocurría en algunas de las provincias conquistadas. Los aires expansionistas de César Augusto daban a entender la ambición del emperador. Las legiones romanas conquistaron todo el occidente europeo: Bélgica, Países Bajos y la parte de Germania que llegaba hasta los asentamientos coloniales en torno al Rin. Como parte de su instrucción, las tribus debían ceder a sus hijos para formarlos como militares de la caballería auxiliar, algo que se dio también entre los queruscos, una tribu dividida en sus opiniones de cómo debían funcionar: ¿ser fieles aliados a Roma o ser independientes cómo la tradición y costumbre mandaba antes de la llegada de los invasores romanos?

Segueste, líder de los queruscos (y leal a Roma), toma la decisión de enviar a los hijos de Seguimer con destino a Roma: Arminio y Flavio atraviesan todo el Rin hacia el sur, pasan por la Galia, para terminar siendo llevados en barco hasta la capital del Imperio. Ambos son formados bajo la mano dura de los romanos; Arminio pronto demuestra lo dotado que está para la batalla, con la idea preconcebida de que se entrenaba para un bien mayor. Su satisfactoria experiencia en los Balcanes, liderando una fuerza auxiliar romana con apenas 20 años, determina lo importante qué es para el César contar con él en su propia tierra. Se marcha junto a Publio Quintilio Varo, un general romano que había sofocado las rebeliones sirias con mano de hierro. A priori, todo perfecto: Varo y Arminio traban una buena relación. Los romanos se van asentando en torno al Rin, preparados para conquistar el centro y este de la provincia; allí habían establecido los campamentos de verano que les obligaba a pasar por lo que hoy es el bosque de Teutoburgo hasta llegar al río Weser. La espesa vegetación y la naturaleza escarpada del terreno hacían que los viajes entre campamentos (cada cierto tiempo) resultasen muy largos de realizar. Otro motivo más para que el líder de la caballería auxiliar querusca moviese a las tropas: conocía el idioma y el terreno, lo que le daba mayor cualificación para la batalla, unido al hecho de su valentía cara a un Imperio que se jactaba en Roma, cuán conquistada y controlada estaba la región. Nada más lejos de la realidad: su traición a Roma es una de las más grandes gestas bélicas que se recuerdan.

Los elementos del tiempo, la orografía y la virtud guerrera de unos “campesinos” que luchaban por su libertad, otorgarían una ventaja casi definitiva de cara a la batalla: no importaba cuántos efectivos de menos tenían, o su limitado conocimiento de la estrategia, porque con Herrmann todo lo que parecía imposible, cambió de la noche a la mañana. El líder de la caballería germana no podía consentir el abuso de los impuestos y la vejación de un pueblo. Antes de traicionar él a Roma, Roma le había traicionado a él. El resultado es del todo conocido: bajar al barro para enfangarse entre el barro y la niebla, tuvo como consecuencia la derrota más rotunda e inesperada de todas las batallas que se recuerdan. Los romanos quedarían tocados de por vida y Germania nunca fue conquistada en su totalidad. Herrmann liberó de un yugo al que él, preso de las alianzas que mantuvo, le terminó pasando factura a nivel personal: fue asesinado por su familia política,  debido a la ambición que tenía para sí su tribu. Eso cambió el curso de Germania que, a pesar de poner un rey afín a los romanos, terminarían abandonando la provincia. Su sacrificio fue la libertad de un pueblo que, como quién establece una deuda por salvar su vida, aún no ha conseguido ser saldada. Se dice que, desde la estatua que da lugar a la vista de las frondosas colinas de Teutoburgo, aún se respira el aire a libertad que Herrmann comandó.

Bielefeld alberga para sí, uno de los equipos con más historia de todo lo que hoy se conoce como Westfalia.

Con esa alma y corazón, el DSC Arminia Bielefeld intenta encontrar en Herrmann una inspiración para continuar en su lucha por los elementos. Bielefeld alberga para sí, uno de los equipos con más historia de todo lo que hoy se conoce como Westfalia. Campeón en la era primaria del fútbol alemán, su historia es un continuo “sube y baja” entre categorías de Gauligas, Regionalligas y Bundesligas. Tras ascender en 1970, su ambición por querer formar parte de los más grandes, les terminó a formar parte del mayor escándalo de la Bundesliga: el amaño de partidos que denunció Canellas a comienzos de la década de los 70, por aquello de salvarse del descenso. En Bielefeld aún sienten vergüenza por todo aquello, algo que no abandonó a un equipo que siempre miró más hacia el suelo, que al cielo (y no solo deportivamente).

Moviéndose entre 2º y 3.Liga, la bandera que ondea en Die Alm no consigue mantener el viento que les sopla Herrmann desde Teutbourgo. Les supera una situación económica que afecta a casi todos los equipos que sufren con una economía modesta. Sin embargo, 2015 ha supuesto la salvación económica de quiénes, habitualmente, están condenados a sufrir. Haber llegado a las semifinales de la DFB Pokal, eliminando a históricos como el Borussia Mönchengladbach o Werder Bremen (equipo copero donde los haya), ha hecho que se haya vuelto a ganar el favor y el aplauso de todo quiénes les hayan visto. A lomos de un Norbert Meier (que representa como nadie la rudeza y testarudez germánica), el Arminia cabalga entre los bosques de Teutoburgo hacia el ascenso a segunda división. Viendo como los recién ascendidos están dando el do de pecho en la categoría de plata, no parece improbable que Meier vuelva a conseguir lo que ya hiciera con el Duisburgo hace una década: devolver, a una ciudad vilipendiada por las bromas, al lugar que Herrmann hubiese querido para sí: en la cima del mundo. Una deuda que, en algún momento de su carrera hacia la cima, terminará saldando

A buen seguro que los mejores jugadores de su historia (Stein, Pagëlsdorf, Lienen o Labbadia) vislumbran un pronto regreso, alimentando su renovada esperanza tras alcanzar las semifinales coperas. Esto ha sido el primer paso, la primera piedra para escalar hacia la cima; alturas donde Herrmann (o Arminio) allá donde esté, habrá considerado que su deuda quedará más que saldada con la ciudad (y país) que se creó a partir de su sacrificio y valor, adjetivos que, a buen seguro, calificarán a quienes han sufrido demasiado.

Fuente imagen principal: Thomas Starke (Bongarts/Getty Images)

*Hinchas del Arminia Bielefeld durante un partido ante el Holstein Kiel, en 2014.

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