Corría el verano de 1966. Inglaterra se preparaba para albergar el mundial de fútbol. Era el plan perfecto para que su selección por fin alcanzase la gloria. Nada podía fallar. Nada fallaría. Dieciséis equipos disputaban esa fase final, al igual que había sucedido cuatro años antes en Chile donde Brasil se había coronado campeona e Inglaterra había sucumbido ante ellos en cuartos de final.

El combinado inglés había caído en un grupo que les haría sudar la gota gorda, con Uruguay, México y Francia. Debutarían en Wembley el día 11 de julio. La expectación era grande y más de 87.000 aficionados acudían el estadio para el estreno de su equipo. Sin embargo, el conjunto uruguayo les plantó cara, acabando el encuentro con un simple 0-0. Pero esto no desanimó a los hinchas que tras el 1-1 con el que debutaron Francia y México, dedicaron un mayor compromiso todavía que el mostrado en el debut para el trascendente encuentro ante México. El partido se disputaba a las 3 de la tarde hora local y el ambiente era fabuloso, superando esta vez los 90.000 espectadores. La selección inglesa se contagió del espíritu de la grada y esta vez no fallaría. Bobby Charlton abriría el marcador en el minuto 37, pero no sería hasta el 73 cuando Roger Hunt, el mítico delantero del Liverpool marcaría su primer tanto en el Mundial, certificando los 2 puntos para Inglaterra. Uruguay a su vez se había deshecho de Francia por un ajustado 2-1, lo que implicaba que los ingleses eran líderes de grupo a falta de un encuentro.

Inglaterra acogía en 1966 el final, todo debía prepararse para que nada fallara y, por fin, se alzasen con la corona mundial. Nada falló.

Por aquel entonces, la unificación de horarios si había algo en juego brillaba por su ausencia. México y Uruguay jugaban su encuentro un día antes del Inglaterra-Francia. Los primeros empatarían a 0, lo que eliminaba matemáticamente a México y clasificaba a Inglaterra. Pero en ese instante (recordemos que se daban 2 puntos por victoria y no 3), los locales acumulaban 3 puntos. Necesitaban al menos empatar para ser primeros de grupo (por la diferencia de goles) y optar a un cruce en cuartos más asequible. Pero no salieron pensando en eso y sumarían su segundo 2-0 en dos encuentros, ambos goles de Hunt que ya acumulaba 3 en el campeonato. Así, la selección inglesa pasaba la primera fase con 5 puntos, 4 goles anotados y la portería todavía intacta.

Esto les llevaba a jugar contra Argentina, que había sido segunda en el grupo B por detrás de Alemania del oeste, grupo en el que también estaba España que sólo pudo sacar 2 puntos en 3 partidos, quedando tercera de grupo. En el C, Brasil había dado la sorpresa negativa. Pelé y los suyos, tras empezar el Mundial ganando a Bulgaria, se bloquearon, siendo incapaces de ganar a Portugal y Hungría que les pasaron por encima. Finalmente, los otros 2 equipos clasificados que completaban el cuadro eran la URSS y Corea del Norte. Los cuartos de final se disputaron todos a la misma hora pero en distintos lugares (como es obvio). Portugal deslumbraba ganando 5-3 a Corea con 4 goles de Eusebio en Goodison Park, siendo el rival del ganador entre Inglaterra y Argentina, mientras que Alemania hacía lo propio (4-0) con Uruguay en Sheffield y la URSS con Hungría (2-0). La selección volvía una vez más a Wembley, jugando ante 90.000 almas esperanzadas. Era la segunda vez que ambas selecciones se encontraban en un campeonato del mundo, repitiendo la experiencia de 4 años antes en la que los ingleses ganaron por 3-1 el encuentro. También se llevaría este encuentro por 1-0, gol de Hurst en el minuto 78, pero el hecho más notorio de aquel día fue la expulsión del jugador argentino, Antonio Ubaldo Rattín. El conjunto argentino no llegó a entender aquella expulsión, literalmente. El partido se tuvo que detener más de 10 minutos porque no lograban comprender los motivos que explicaba el árbitro e incluso llegaron a pedir un traductor. Rattín acabaría abandonando el campo, no sin dejar un recado sentándose varios minutos en la alfombra roja destinada a la reina que estaba presente en el encuentro. Este hecho y más problemas de comunicación como las amarillas a los hermanos Charlton, de las cuales apenas se enteró nadie, llevaron a que la FIFA, en el siguiente mundial, implantase las tarjetas que actualmente tan normales nos resultan.

Durante el Inglaterra – Argentina el partido se tuvo que detener más de 10 minutos porque no lograban comprender los motivos que explicaba el árbitro para amonestar a uno de los argentinos e incluso llegaron a pedir un traductor.

No sin sufrimiento, llegaron las semifinales. Alemania presentaba su candidatura al título al llegar a la final ganando a la URSS por 2-1, resultado más cómodo de lo que parece ya que los soviéticos no marcaron hasta el minuto 88, cuando ya era casi imposible la remontada. Inglaterra jugaba un día más tarde, cómo no, en Wembley, ante la Portugal de Eusebio. Pero por fin, Bobby Charlton que desde el primer encuentro no veía puerta, apareció con sendos goles en el 30 y el 80 para meter a su equipo en la final de su Mundial. Eusebio reduciría distancias en el 83 tras transformar un penalti, pero como en el caso de la URSS, no hubo remontada. Portugal que, por cierto, acabaría tercera de aquel Mundial.

Y llegaría la gran final. Era el momento, Alemania daba miedo, Beckenbauer y compañía sólo habían cedido un empate en todo el torneo ante Argentina. Casi 100.000 personas en el campo querían vivir un momento histórico. Pero no empezó bien el encuentro, ya que Helmut Haller, el jugador del Augsburgo en sus inicios y en ese momento en el Bolonia (ficharía dos años más tarde por la Juve), abría el marcador poniendo el 0-1. Pero poco tardaría Geoff Hurst, quien se convertiría más adelante en el héroe de aquella final, en igualar el encuentro. El delantero del West Ham marcaba su segundo gol del Mundial y ponía todo como al inicio.  Así se mantendría hasta mediada la segunda parte, cuando su compañero de equipo, el mediocentro Martin Peters ponía el 2-1 en el marcador, desatando la euforia en Wembley. Tan cerca estaba la victoria, que el gol del defensa del Colonia, Wolfgang Weber a un minuto de acabar el partido fue un jarro de agua fría tremendo. El partido se marchó a la prórroga, 30 minutos para sacar un campeón, todos los corazones en Inglaterra al borde del infarto, quizás no se volverían a ver en una igual. Y ahí, en esa prórroga, nace la leyenda de Sir Geoff Hurst. Su primer gol, digno de cómo estaba siendo el encuentro, es decir, de infarto. Ni el árbitro lo vio. Tras golpear en el larguero, fue el linier quien tuvo que darlo, indicando que él si había visto que cruzase la línea. 3-2 y descanso de la prórroga. Tenían que aguantar como fuese. Alemania se fue al ataque a la desesperada, tenían sólo 15 minutos para hacer un gol que volviese a empatar el encuentro.

Una contra en el 120 coronaría a Hurst como el gran héroe. Hurst cerró su hattrick e Inglaterra ganó el Mundial.

Pero lo único que se encontraron fue una contra justo al final (con invasión de campo incluida), en el minuto 120, que coronaría a Hurst como el gran héroe de aquel Mundial. Aquel gol en que el comentarista de la BBC, Kenneth Wolstenholme también se haría famoso con su frase “Some people are on the pitch! They think it’s all over!” (Algunas personas están en el campo, ¡piensan que se ha acabado!”) justo antes del gol de Hurst donde remató su frase con It is now, it’s four!” (Pero lo está ahora, ¡son cuatro!). Y así, Hurst cerró su hattrick e Inglaterra ganó el Mundial, algo que, desde entonces se les ha resistido.

Fuente imagen principal: Hulton Archive/Getty Images.

*La selección inglesa celebra la victoria en la Copa del Mundo de 1966.

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