Ava Gardner fue una vez la criatura más hermosa que pisaba la faz de la tierra. No sólo eso, también era una de las actrices más populares del Hollywood clásico y una mujer con una fascinante vida discurrida entre flashes, oropeles y amoríos turbulentos. Si Ava hubiera sido una futbolera irredenta en sus últimos años, cosa de la que no tenemos constancia, seguro que su  liga preferida hubiera sido el Calcio, no sólo por su pasional carácter sino porque podría sentirse identificada con el reciente discurrir del fútbol italiano. Durante sus últimos días, enferma y con un tratamiento pagado por el amor de su vida, Frank Sinatra, su vida tenía cierta similitud con la opulencia que un día mostró el fútbol italiano reinando sobre todos como ella hacía sobre todas las actrices. Un Calcio que hoy trascurre marchito recordando sus añorados tiempos de gloria como la mítica Ava recordaba la manera que su cuerpo ondulante se paseaba por el Hollywood de los años 60.

No ha habido en Europa una liga que fuera mejor que el Calcio de los años 80 y 90. Era, simplemente, la NBA del fútbol. Una colección de estrellas reunidas en varios equipos que aspiraban a todos los títulos y luchaban cada semana en el que decían era el campeonato más difícil que existía. Quien triunfaba en Italia, triunfaba en cualquier sitio, era el cliché de entonces.  Italia era el reto, la meca futbolera, el súmmun de cualquier jugador en esa época. Así era en el imaginario colectivo y aún distorsionado por el tiempo, la nostalgia y la leyenda, en el mito sobre aquel Calcio no faltan razones para considerar que era la mejor competición de toda la historia. Veinte años después, el fútbol de Italia ha perdido una plaza europea, es cuarto en el ranking compitiendo reñidamente con Portugal y los cracks no van allí, todo lo contrario, si se hacen estrellas en el Calcio no tardan en huir. ¿Qué pasó?¿Cómo pasó Italia de ser el hogar de los mejores futbolistas a vivir en esta crisis continua que somete a los aficionados a vivir entre el pasmo y la tristeza? En Underground Football empezamos este mes una serie para explicar en profundidad el auge y la caída de la Serie A. Bienvenidos a lo que un día fue el país de las maravillas del balón.

En los años 80 y 90 el Calcio era la NBA del fútbol. Una colección de estrellas reunidas en varios equipos que aspiraban a todos los títulos.

El competitivo nivel que llegó a mostrar el fútbol italiano durante dos décadas se refleja contundentemente en el palmarés de la Copa de la Uefa durante los años 90. En aquella década sólo un año hubo una final en la que no hubiera al menos un equipo italiano.  Todas las demás tuvieron representante transalpino. Y con absoluta variedad. Llegaron Torino, Juventus, Napoli, Fiorentina, Internazionale, Lazio y Parma. En el 90 (Fiorentina-Juventus), 91 (Roma-Inter), 95 (Juventus-Fiorentina) y en el 98 (Inter-Lazio) la final de la Uefa fue totalmente italiana. La pléyade de estrellas que uno podía encontrar en los álbumes de Panini desde los primeros años de los 80 hasta finales de los 90 era tan absolutamente rutilante que hubiera hecho palidecer de envidia hasta a nuestra amiga Ava. O no, Ava se hubiera echado un novio que jugase en la A y listo. Era la moda. Desde Maradona a Platini, desde Zidane a Van Basten, de Shevchenko a Falcao. Todos los cracks querían jugar en la A. El dominio italiano se redondeó con 3 títulos en la extinta Recopa durante los años 90 y cinco Copas de Europa (tres del Milan y las dos de la Juve) desde 1985 a 1996.

La brutal competitividad mostrada en Europa y la lista de nombres ilustres en el Calcio daban brillo a una competición que siempre había estado entre las mejores del mundo pero el factor diferencial fue que las estrellas no se concentraron en las tres grandes escuadras del campeonato (Inter, Milan y Juve, las tres legendarias damas del Calcio) sino que se repartían también en el resto de equipos. Maradona hizo campeón al Napoli, Zico jugó en el Udinese, Mancini y Vialli destilaban clase y llegaban a la final de la Copa de Europa jugando en la Sampdoria, etc…  Aquello propició que durante los 90 al menos siete equipos tuvieran opciones de títulos, las llamadas siete hermanas del Calcio: Juventus, Milan, Inter, Lazio, Roma, Fiorentina y Parma.

Como suele pasar, todo eso se consiguió a base de dinero. La victoria del Mundial 82 y la adjudicación del Mundial del 90 a Italia situaron al país transalpino en el epicentro del fútbol mundial y atrajo a varios inversores y empresarios que  pusieron su pasta y la de sus compañías en los equipos italianos. Mucho antes del despilfarro de los jeques del City y del PSG estuvieron los Berlusconi, Moratti, Cecchi Gori y etcétera.

Durante aquellos años conocimos a las siete hermanas del Calcio, siete equipos que durante los 90 tuvieron opciones constantes de títulos.

El caso más representativo fue el de Silvio Berlusconi. Nadie como Il Cavaliere encarna la Italia de aquella época. Tras unos turbulentos años 70 marcados por el terrorismo de izquierda y derecha, la década de los 80 fue la última dominada por la clase política surgida después de la II Guerra Mundial.  Y de entre esas cenizas surgió el berlusconismo con su populismo, sus líos con la justicia, sus velinas y por supuesto con su equipo de fútbol el AC Milan al que compró en 1986. El club rossonero venía de unos años difíciles (dos veces descendió a principios de los ochenta, una por el escándalo del Totonero y otra por estrictos motivos deportivos) y el dinero berlusconiano ayudó al equipo milanés en convertirse en el mejor del mundo de la mano de un desconocido Arrigo Sacchi. 28 títulos en 27 temporadas es el saldo de Silvio Berlusconi que hoy parece decidido a tener el grifo cortado.

No era tacaño tampoco su vecino del Inter de Milan, Massimo Moratti, que se hizo con las riendas del club en 1995 y que despilfarró todo lo que pudo y más en un club que ya había fichado todo lo fichable para intentar convertirse en el mejor club de Italia. Desde el Inter de los alemanes (Matthaus, Brehme y Klinsman) hasta el boom de fichar a Ronaldo, el equipo nerazzuro era siempre protagonista del Calciomercato no sólo por esos fichajes de relumbrón sino por “genialidades” como las ventas de Roberto Carlos o Pirlo. Curiosamente, Moratti consiguió su Copa de Europa en 2010 con el Calcio ya en franca decadencia y de la mano de Mourinho en el único periodo de cierta estabilidad del club más loco de la serie A. Antes, en los años dorados, el Inter consiguió ganar tres Copas de la Uefa pero sólo después del Calciopoli pudo reinar con continuidad.

Los equipos medianos también nadaban en billetes verdes en aquella época. La Roma en los noventa era propiedad de los Sensi, bajo cuyo mandato ganaron el recordado Scudetto de 2001. Un año antes, los ganadores fueron sus vecinos de la Lazio, el juguete de Sergio Cragnotti, dueño de la empresa alimenticia Cirio que será protagonista, por tristes motivos, en esta serie de reportajes. De protagonistas sabía bastante Vittorio Cecchi Gori, patrono de la Fiorentina y productor cinematográfico, responsable de que la Viola fuera una de las siete hermanas, pudiera llegar a finales, pudiera contar con estrellas como Batistuta y culpable de que desapareciera también. Y es que el fútbol italiano de aquella época creaba burbujas tan relucientes como frágiles como la del Parma y la empresa Parmalat, otro equipo habitual de finales y fichajes exorbitados. Otro terrible batacazo económico.

Los equipos medianos también nadaban en billetes verdes gracias a la inyección económica de gente como los Sensi, Sergio Cragnotti, Vittorio Cecchi Gori o la empresa Parmalat.

Caso aparte es el de la Juventus. Sus propietarios son la familia Agnelli desde los años 20, por lo que no se adquirió al equipo en las dos décadas del boom y el gasto del holding familiar en el equipo nunca ha sido tan exorbitante como en los casos de Moratti o de Berlusconi, que admitió hace poco haberse gastado 50 millones de su bolsillo todos los años. Pero la Juventus también tuvo su particular batacazo. En su caso por las oscuras artes de Luciano Moggi. ¿Quién era Luciano Moggi?. A mediados de los 70 era un trabajador de los ferrocarriles públicos. Y Galliani era un antenista, Berlusconi un simple empresario, Maradona todavía jugaba en Argentina, las Brigadas Rojas habían asesinado a Aldo Moro, los constructores se frotaban las manos con la consecución del Mundial 90 a Italia y estaba dando comienzo el mayor espectáculo futbolístico de Europa: la gran Serie A.  Empresarios sin escrúpulos, cracks futbolísticos, violencia, villanos, doping, amaños, compra de árbitros. El auge y caída de la Serie A no envidia a ningún folletín novelesco y Underground Football lo diseccionará estos próximos meses.

Fuente imagen principal: Chris Cole (Allsport)

*Demetrio Albertini, Ruud Gullit, Frank Rijkaard y Marco Van Basten formando barrera en un partido de Copa de Europa ante el PSV Eindhoven, en diciembre de 1992.

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