Aquella Copa de México fue la última obtenida por la Argentina, con Diego Armando Maradona como máxima figura. El mejor gol de la historia, “La mano de Dios”, sus gestas heroicas y la final ante Alemania.

Unos metros detrás de la mitad de la cancha, Diego Armando Maradona recibe la pelota y comienza la mejor obra de todos los tiempos. Empieza con su slalom a sacarse rivales de encima, esos que van saltando a su paso intentando pararlo de cualquier forma. No lo consiguen, el ‘10’ pasa una y otra vez y avanza en el campo con la pelota pegada al pie. Un toque tras otro al balón con esa zurda magistral, las patadas no lo alcanzan y se va acercando al área. Amaga en un par de ocasiones, gambetea al arquero Peter Shilton y convierte con el arco vacío.

Un relato de esa obra perdurará por muchísimos años. “La va a tocar para Diego, ahí la tiene Maradona, lo marcan dos, pisa la pelota Maradona, arranca por la derecha el genio del futbol mundial, y deja el tercero y va a tocar para Burruchaga…Siempre ¡Maradona! ¡Genio! ¡Genio! ¡Genio! ta-ta-ta-ta-ta-ta-ta…y Goooooool… Gooooool ¡Quiero llorar! ¡Dios santo! ¡Viva el futbol! ¡Golazo! ¡Diego! ¡Maradona! Es para llorar, perdónenme.Maradona, en una corrida memorable, en la jugada de todos los tiempos…barrilete cósmico… ¿de qué planeta viniste? Para dejar en el camino tanto inglés, para que el país sea un puño apretado, gritando por Argentina…. Argentina 2 – Inglaterra 0… Diegol, Diegol, Diego Armando Maradona… Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”, decía Víctor Hugo Morales desde la cabina de transmisión.

”Gracias Dios, por el fútbol, por Maradona, por estas lágrimas, por este Argentina 2 – Inglaterra 0”. Así lo narraba Víctor Hugo Morales. Un momento épico de la Historia del fútbol.

Ese gol sigue siendo conmemorado como el mejor en la historia del deporte. No solo por su heroica y maravillosa jugada, sino también por el contexto. Argentina enfrentaba a Inglaterra en los cuartos de final del Mundial de México 1986. Unos minutos antes, Diego había arrancado en velocidad cuando recibió la bola en tres cuartos de cancha. Pasó a dos e intentó jugar con Valdano, al tiempo que fue al área a buscar la devolución. Un inglés desvió la pelota y habilitó a Maradona, que saltó y con la mano abrió el marcador. El árbitro no lo notó. En solo unos minutos, con “La mano de Dios” y aquel arranque y definición glorioso, Maradona le dio el triunfo a la Albiceleste, que accedía a semifinales ganando por 2-1 a los británicos.

Hasta hoy en día, Maradona sigue sosteniendo que en el campo sabían que los rivales nada tenían que ver, pero quedaba el sabor y el intento de venganza por la guerra en que Inglaterra venció a las tropas argentinas por las Islas Malvinas en 1982. Por eso mismo es que aquel gol con la mano quedó registrado para la eternidad como una respuesta, como una alegría que tapó cierta frustración, esa que ponderará siempre en el territorio argentino posteriormente al conflicto bélico. Pero aquel partido fue el puntapié que el equipo dirigido por Carlos Salvador Bilardo necesitó para ir por la Copa. Esa tarde magnánima de Maradona hacía confiar a todo el pueblo. El Estadio Azteca era testigo de una función que quedará en la historia y de un gol que evidenció una mínima reparación al agravio de años anteriores.

Maradona era el mejor jugador del mundo en aquel entonces e iniciaba una gesta importantísima para dar a la Argentina su segundo título mundial, tras el conseguido en 1978 jugando en su territorio. Diego fue la máxima figura del equipo, que sin él tal vez no hubiese llegado tan lejos en la competencia. Aquel conjunto no tenía muchos jugadores de elite, pero Maradona los potenciaba con su excelencia única. De esa forma, Burruchaga, Valdano, entre otros, fueron los mejores acompañantes del ‘10’ en la fase ofensiva del equipo.

Burruchaga, Valdano… a todos Diego Armando Maradona los hacía mejores. Potenciaba a sus compañeros con una excelencia única.

En aquella Copa, la Selección de Bilardo se encontró en la fase de grupos con Italia, Bulgaria y Corea del Sur, una época en la que todavía se daban dos puntos por victoria. Argentina terminaría invicta en esa primera instancia por dos triunfos y una igualdad. Debutaría con un 3-1 ante los asiáticos, luego empataría 1-1 ante la Azzurra y finalmente derrotaría 2-0 al combinado búlgaro. Eran seis las zonas por ese entonces, y a octavos de final accedieron los primeros y segundos y mejores terceros.

Para la próxima ronda lo esperaba un duelo sudamericano, frente a Uruguay. Allí los argentinos se impusieron por 1-0, lograron avanzar y jugaron en un estadio que albergaba más de 100.00 personas ante la selección inglesa. En la actualidad, muchos jugadores de Inglaterra de ese partido siguen sosteniendo que veían a Maradona trasladar la pelota con una velocidad impropia de un ser humano en el segundo tanto, y apuntan a que verdaderamente se hacía imparable. Otros, en tanto, expresan que aquella jugada fue magnífica y que sin el gol con la mano esa obra no hubiese existido, dado que fue un punto de inflexión. El árbitro tunecino Ali Bennaceur convalidó el gol y luego vería como la inigualable habilidad de Diego haría lo imposible.

Las semifinales encontraron a Argentina enfrentando a Bélgica, que en aquella competencia logró llegar más lejos que en ningún otro Mundial en su historia y que tenía en el plantel jugadores como Jean-Marie Pfaff, Enzo Scifo o Nico Claesen. La tarde del 25 de junio los de Bilardo vencerían a los de Guy Thys para seguir dándole forma al sueño de volver a conquistar el mundo. Maradona resultaría fundamental de nuevo en una Copa que lo coronó para todos los tiempos.

El mediocampista Héctor Enrique lo habilitó con un gran pase al espacio, Diego Armando atacó el vacío y sentenció al arquero ante su salida con un sutil toque a la pelota con la cara externa de su botín zurdo. Un golazo que empezaba a marcar el paso a la final de Argentina. Pasados unos minutos, Maradona encontró el lugar para recibir de Cuciuffo y comenzó a encarar a la defensa de frente al arco. Desniveló con su monstruosa capacidad, se sacó de encima a tres y convirtió nuevamente un doblete. Otras dos fenomenales conquistas y el pasaje al partido definitorio, en el que sería figura aún sin anotar.

Alemania Federal esperaba en la final después de ganar a Francia en semis, y el partido en el Azteca tendría su cuota de total dramatismo. El zaguero central José Luis Brown abría el marcador para los argentinos con un cabezazo luego del saque de falta desde un costado. En el complemento, Valdano recibió libre en una contra, con todo un espacio para recorrer y definir. Con el pie derecho abierto, la colocó al segundo palo, sin que nada pudiera hacer el arquero Schumacher. Todo parecía finalizado, pero en el último cuarto de hora del partido habría un quiebre. Dos tiros de esquina desde el mismo sector, dos jugadas casi calcadas, y el empate alemán con los goles de Karl-Heinz Rummenige y Rudi Völler. Pero aún quedaría una obra más de Maradona.

Alemania Federal consiguió empatar en los últimos 15 minutos un 2-0 argentino gracias a dos goles provenientes de un saque de esquina, los dos desde el mismo sector. El 2-2 era un mazazo, pero faltaba por aparecer Diego Armando Maradona.

Con la pelota en el centro del campo, Diego habilitó a Jorge Luis Burruchaga con una notable visión de juego. El ‘7’, ante lo mal parada que quedó la defensa germana, aprovechó el espacio, corrió y marcó el tercer tanto, el que le dio la última Copa del Mundo a la Argentina, en México 1986, el 29/06.

Aquel equipo comandado por Bilardo, el de las eternas antinomias con César Luis Menotti por cuestiones de estilos, se consagraba con un Maradona formidable, en un estado imparable de forma, durante el mejor momento de su carrera. Los goles del diez, sus grandes habilitaciones, jugaba y hacía jugar al equipo. Pumpido defendía el arco, Brown y Ruggeri custodiaban la zaga, Batista y Enrique hacían el trabajo de marca y equilibrio, Burruchaga y Valdano eran abastecidos por el referente. Diego, el líder absoluto,le diola gloria en tierras mexicanas a toda una Nación.

Fuente imagen principal: BONGARTS.

*Diego Armando Maradona celebra la consecución de la Copa del Mundo 1986 en Ciudad de México.

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